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Mitos

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Los españoles arrasaron casi completamente con las culturas aborígenes; luego, la clase “dirigente” manifestó desprecio por las etnias indígenas y sus ricas tradiciones. Tal vez esto explique la aparición de algunos mitos modernos, una forma de mejorar el ego.

Bien conocido es el que afirma que nuestro himno nacional, de dudoso valor poético y musical, es el segundo más hermoso del mundo; no existen pruebas de concurso ni de los jueces que nos dieron tan honroso lugar.

En los tiempos del monopolio del comercio del café, ejercido por la Federación de Cafeteros, se afirmaba que el café colombiano era el “mejor del mundo”. El mercado no lo creía así: en otras partes se estimuló el comercio de variedades y mezclas que alcanzaron precios muy superiores al suave colombiano; hoy, gracias al cambio de política, sí se producen y comercializan buenas y remunerativas variedades.

Luis López de Mesa no fue el descubridor de la teoría de la evolución, al afirmar que el hombre desciende de la sardina. Un siglo antes, Darwin demostró que la vida se originó en el mar y en la evolución se pasa de especies acuáticas a anfibias y terrestres.

Tampoco Caldas descubrió el higrómetro.

Anteriores generaciones afirmaban que el poema “La catedral de Colonia”, de Juan Lozano y Lozano, estaba grabado en el respaldo del altar mayor de la catedral alemana. No hay evidencia testimonial de este hecho y los guías, ante la pregunta que algunos turistas colombianos les hacen sobre el sitio en donde se encuentra en bronce o piedra esta obra poética, muestran asombro y dicen no conocer respuesta. No hay tampoco pruebas del homenaje, no a la catedral sino al poeta colombiano, antes de la casi total destrucción de la catedral en la II Guerra Mundial.

Periódicamente se repite que las encuestas muestran que somos el país más feliz del mundo; en 2014, el Barómetro Global de Felicidad nos colocó en la primera posición, una encuesta de 2015 nos situó en el segundo lugar después de Nigeria, país que alberga la guerrilla asesina y fundamentalista Boko Haram. Lo anterior hace dudar, no de las firmas que aplican la metodología, sino de esta. Índices más objetivos desarrollados por la ONU nos colocan en la posición 25 o más baja.

Hace unos meses una mala lectura del Huffington Post llevó a funcionarios del Distrito Capital y al mismo alcalde a afirmar que este era uno de los cinco mejores alcaldes del mundo. Aun suponiendo que esto fuera cierto, que no lo es, puede pensarse, ¿qué es mejor para un ciudadano, vivir en una ciudad de elevados índices de calidad de vida, como Sídney, Vancouver, Zúrich, Madrid o latinoamericanos como Quito o Buenos Aires, así sus alcaldes no estén tan bien posicionados como el nuestro, o vivir en una ciudad con mala y deteriorada calidad de vida, pero que el ranquin de su alcalde nos haga sentir orgullosos?

En honor a la equidad debe reconocerse que si bien Petro es un pésimo ejecutor de obra, piénsese en el deprimido de la calle 94, que se inició al tiempo que la ampliación del Canal de Panamá y será terminado, si lo terminan, después. El alcalde sí es un excelente miembro de familia, en particular con su familia política. Otro mito es creer que la propensión a los peligrosos accidentes caseros se reducen siendo más solidarios con la parentela política y no tomando las precauciones naturales. No se pueden generalizar los buenos resultados obtenidos por el burgomaestre.

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