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Moralidad

José Fernando Isaza
05 de noviembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Un viejo cuento de colegio narraba: una señora llama a la policía, denuncia que un vecino se pasea desnudo con la ventana abierta y ella lo podía ver.

Era necesario tomar medidas para preservar la moral. La policía llega, observa al vecino y le dice a la quejosa: “solo se le ve del pecho a la cabeza”; la señora replica: “súbase a una silla y lo podrá ver completamente”. El escándalo sobre los “actos inmorales” del hijo de un magistrado recuerda el anterior cuento. La televisión mostró el sitio desolado donde estaba el carro. La policía confirma que no había iluminación. Los vidrios del vehículo son polarizados, por lo tanto no era posible ver lo que pasaba dentro. La policía llega por una llamada que, con razón, consideraba sospechoso un carro parqueado en una calle sin salida y despoblada. Unos policías, que no fueran voyeristas, al suponer lo que sucedía al interior, podrían retirarse discretamente e informar a los vecinos que el carro no era un carro bomba, ni un peligro para las alejadas viviendas.

Lo que pasaba en el auto era totalmente privado: solo con potentes linternas o bajando el vidrio podría verse el interior. ¿Cuál delito estaban cometiendo? ¿Cuál ofensa a la moral?

Por alguna razón, las fuerzas policiales tienden a ser intolerantes con los jóvenes. Las colombianas no son la excepción. No es prioritario que una patrulla de policía arme semejante lío con los jóvenes que, de acuerdo, con la información, no estaban infringiendo ninguna norma. A no ser que la autoridad creyera que la propuesta del expresidente Uribe de “aplazar el gustico” se hubiera llevado como un delito al Código Penal.

Otro aspecto es el uso por terceros de un carro oficial asignado a un magistrado. En algunos casos a los altos dignatarios, el carro oficial blindado se les asigna no solo para el funcionario, sino para uso de la familia directa, debido a que el riesgo de atentados, asaltos o secuestros puede abarcar a los parientes como esposa e hijos. No es inusual que, para evitar falsos retenes, carros blindados lleven un documento que dice que la inspección policial solo debe efectuarse en un CAI, o en una inspección de policía. Esto puede explicar la negativa de los ocupantes a permitir, en el sitio, la inspección.

Es claro que el magistrado que prestó el carro a su hijo, para que este lo manejara, debe dar todas las explicaciones y asumir en su caso la total responsabilidad. Un atenuante puede ser. ¿qué padre de familia que tenga un carro blindado a su servicio no se lo prestaría en la noche a un hijo para reducir los riesgos de una ciudad insegura? Puede pensarse que el hijo no le informó el uso que pensaba darle al auto. No conozco al magistrado o, como se dice coloquialmente, no lo distingo, pero la hoguera que se quiere encender en defensa de la moral pública, es por lo menos exagerada.

Si hubo agresiones físicas de los jóvenes a la policía, o de ésta a aquellos, deben investigarse y sancionarse. De todas formas, sería un caso excepcional la agresión de un joven desarmado a una patrulla policial, pero este hecho no debe descartarse.

En la época de las películas de James Dean, Hollywood años 60, se decía que la diferencia entre los estudiantes pobres y los hombres de éxito eran: para aquellos, cerveza tibia, asiento trasero, hermana fea del amigo; para estos, champagne, hotel Waldorf Astoria (o la Casa Blanca) y Marilyn Monroe.

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