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Una versión de esta paradoja se encuentra en El Quijote.
Un verdugo que usa un hacha para decapitar, le dice a un prisionero: “Si acierta lo que haré, lo dejaré libre”. El prisionero contesta: “Me cortará la cabeza”. El verdugo no lo puede decapitar pues acertó y lo deja libre.
El verdugo piensa: si lo dejo libre no acierta, entonces le corto la cabeza; si lo hace, el prisionero acierta. En ambos casos queda libre. Hipótesis de emergencia: el verdugo respeta la lógica. Si el prisionero hubiera respondido: “Me deja libre”, el verdugo lo mata y cumple.
Los ejemplos que siguen provienen de casos reales.
Las directivas y empleados de una gran empresa colombiana definen en el código de conducta que no discriminarán por religión, sexo, partido político, etnia, orientación sexual. La cultura de la organización promueve la discusión; afirman que la diversidad de opiniones y las diferentes miradas permiten mejores decisiones. La empresa plantea que sus trabajadores deben adherir a estos principios. Se presenta a una vacante un buen candidato, cuyos principios políticos son todo lo contrario a la declaración de la empresa. Pertenece al Centro Democrático, partido en el cual sus miembros rechazan la discusión; solo vale la opinión de su jefe natural. Como su fundador tiene “una mente y una inteligencia superior”, su palabra es ley, verdad revelada, la diversidad de opiniones está proscrita, pues quien no es está con él es simpatizante del narcoterrorismo, etc. ¿Qué debe hacer la empresa? ¿Aceptarlo sabiendo que está en contra de su declaración ética, o rechazarlo y violar su propio código, que prohíbe la discriminación por razones políticas?
En 1991, el Frente Islámico de Salvación (FIS) gana las elecciones en Argelia. Algunos de sus dirigentes planteaban emplear el camino democrático para acabar con la democracia; decían: “El islamismo debe segur la senda de la Shaira (La ley del Corán). En política solo hay dos opciones, la democracia o la Shaira, y ambas se excluyen mutuamente. El modelo de Estado ideal es el de la Shaira pues la democracia es una mentira”. No todos los miembros del FIS compartían esta radical versión. Argumentando que no se podía destruir la democracia empleando las herramientas democráticas, como las elecciones, se produjo un golpe de estado. Opción no democrática. La represión a los militantes o simpatizantes del FIS fue sangrienta, las muertes se contaron por millares, las cárceles se atiborraron. Los países occidentales miraron hacia otro lado. El argumento de “defender la democracia” les sirvió de excusa para no condenar la sangrienta represión de un partido político. La pregunta sigue en pie: ¿Es aceptable defender con medidas antidemocráticas los ataques democráticos?
Con menor violencia en Colombia, el desconocimiento de los resultados electorales del 19 de marzo de 1972, que le daba la ventaja a un exdictador militar, se trató de justificar aduciendo que no se podía poner en riesgo la frágil democracia que, por plebiscito, decretó la antidemocrática norma de negar la participación política de partidos diferentes a los dos tradicionales.
La democracia no es solo el poder de las mayorías sino el respeto de las minorías o, como dice un autor cuyo nombre olvidé, “la democracia es el único medio de garantizar, que ningún pueblo tenga un gobierno mejor del que se merece”.