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Pensar en grande

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Solos no podemos, entre todos lo lograremos. Ver el vaso medio lleno, no medio vacío.

Somos el país más inteligente del mundo. Somos una potencia moral. Estas y otras frases de cajón sirven para consolarnos cuando se analiza objetivamente la realidad. Pensar en grande es una disculpa para no realizar obras de menor aliento que resuelvan problemas.

No se ha coordinado la construcción de un pequeño puente sobre el río Arauca, cerca a Saravena, para así tener una vía entre Villavicencio y Caracas, pero se anuncia la Marginal de la Selva y el Llano, que iría a Chile y a Argentina. La transversal que une a la capital con Buenaventura tiene entre Buga y el puerto, y en el paso de La Línea, trayectos intransitables. La solución para comunicar a Bogotá con Buenaventura, pensando en grande, es construir un ferrocarril entre Villavicencio y el puerto marítimo. Basta calcular la pendiente entre la Sabana y el Llano para deducir lo poco eficiente del sistema. El túnel vial de La Línea lleva más de 90 años de estudio, y unos 10 de construcción.

El transporte por superficie se saturó y se requiere complementarlo con metro. El acuerdo Gobierno-Distrito para construir la primera línea del metro se frustró. ¡Hay que pensar en grande! El diseño no llena las expectativas, debe ir inicialmente a otras zonas. El resultado: aplazar el proyecto. La ALO, financiada en un 75% por el Gobierno, se dilata pues ¡hay que pensar en grande! Convertirla en ciclovía, ruta del tranvía, de automóviles, alameda ecológica, que albergue colegios y universidades móviles. ¿Cuántos años adicionales a los 40 corridos se tomarán para iniciar la obra que desvía el tráfico pesado de la ciudad? Hay escepticismo para creer en quienes piensan en grande pero no logran concluir obras pequeñas.

Más de seis meses lleva la obra para estabilizar el talud de la Circunvalar. Su longitud es inferior a los 300 metros, la congestión adicional que crea el cierre de la vía es exasperante: con esa capacidad de ejecución, ¿qué nos espera a los ciudadanos cuando se inicien las obras de la Séptima, Transmilenio, trolley, tranvía, sistema metro o al fin qué? Por un hueco, un semestre lleva cerrado el carril occidental de la carrera 11; el tránsito por la zona en las horas de la tarde está totalmente colapsado. Si se extrapola la velocidad de solución de este problema, y se compara con la complejidad de las obras del pensamiento en grande, se tardará en realizarlas no decenas de años, sino siglos o milenios.

Por las leyes de la gravedad y la inercia, que todavía no han sido derogadas, la aceleración y el frenado de los trenes están limitados por el peso del vagón motriz y el rozamiento estático rueda-riel. Esto los hace muy eficientes para transportar grandes cargas con poca potencia; pero requiere largas distancias entre las paradas. Si la frecuencia de paso es alta, como no hay intersecciones será casi imposible el tránsito entre Oriente y Occidente.

Cuando hay un enfermo grave se lo debe estabilizar tratándolo con lo conocido y no esperar que el pensamiento megalómano encuentre la panacea. Por favor solucionen los pequeños cuellos de botella que mejorarán la movilidad. En esta forma se podrá acompañar al alcalde en la aventura intelectual que le deparará un lugar en la historia.

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