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Una característica del sistema educativo colombiano es el logro permanente de un objetivo: ser los últimos o penúltimos en las pruebas internacionales de educación.
Desde antes que se aplicaran por la OECD las pruebas Pisa, en las cuales ocupamos los últimos lugares, Naciones Unidas hacía en los 90 exámenes similares: los resultados también eran decepcionantes. Colombia ocupó el penúltimo lugar y solo superó a Sudáfrica.
La semana pasada se conocieron los resultados de las pruebas Pisa que miden educación financiera. Los resultados fueron consistentes, ocupamos el ultimo lugar.
Un factor positivo ha sido la decisión de participar en las pruebas, aun previendo malos resultados; esto permite adecuar los contenidos de enseñanza y reflexionar que si el hecho de que somos el país más feliz del mundo puede deberse a que somos uno de los más ignorantes.
Tanto el gerente del Banco de la República como la ministra de Educación y la presidenta de Asobancaria señalaron, a la luz de los pobres resultados, la necesidad de introducir en la educación básica y media la enseñanza de temas financieros.
Las preguntas, si bien trataban temas de finanzas personales, muchas de ellas corresponden a lo que se llamaba aritmética elemental, como la que se enseñaba a mediados del siglo pasado. Son del tipo: Se compraron 4 camisas a $10.000 c/u, 1 bufanda por $15.000, 1 pantalón por $30.000, el impuesto es del 10% y el costo de envió $5.000, ¿cuál es el valor de la factura? Otras preguntas recurren al sentido común para contestarlas; comprar tomates por kilo o cajas, dependiendo del consumo familiar. Al menos una pregunta muy elemental, que incluye la respuesta, tiene información adicional que puede despistar al estudiante: “Cada mes el empleador de Juana Canales le consigna el sueldo en su cuenta bancaria. La nómina de julio es la siguiente:
Cargo: Jefe de sección
Fecha: del 1º al 31 de julio
Salario: 2.800 zeds
Descuentos: 300 zeds
Salario Neto: 2.500 zeds
Sal. bruto anual 19.600 zeds
¿Cuánto dinero ingresó a la cuenta de Juana el 31 de julio?”.
En la misma semana en que se conocieron los decepcionantes resultados, se anunciaba una solución al analfabetismo financiero: en Medellín, un destacado astrólogo dictará una conferencia sobre la astrología financiera, a través de la cual enseñará a encaminar inversiones y negocios. Lo anterior es otra manifestación del desprecio que tiene el país por el conocimiento. ¿Para qué estudiar si se pueden obtener mejores resultados recurriendo a la superchería y a la superstición?
Un análisis en la misma dirección puede explicar por qué nos va tan mal en ciencias y por qué su estudio y financiación se perciben como algo que no corresponde a las necesidades del país. Cuando se privilegia la hechicería, la superstición sobre la ciencia, ¿para que estudiarla? Si se cree más en el milagro que en el experimento, ¿para qué invertir tiempo, recursos y conocimiento en el desarrollo científico? Si se cree que los dioses intervienen en el desarrollo histórico, ¿no es más productivo invocarlos que enseñar políticas y diseñar estrategias que permitan avanzar colectiva e individualmente? Si las enfermedades son castigo divino, ¿para que invertir tiempo y dinero en el desarrollo de medicinas y en políticas de salud pública?
En estos temas la sociedad recibe un mensaje confuso por la mezcla de ideas religiosas y científicas.