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Políticamente correcto

José Fernando Isaza
16 de noviembre de 2011 – 06:00 p. m.

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Antanas Mockus realizaba el siguiente experimento: preguntaba ¿usted cumple la ley por convicción o por miedo? ¿Cree usted que los otros la cumplen por convicción o por miedo? La mayoría de las personas respondía que cumplía la ley por convicción, pero que los otros la cumplían por miedo. En las cárceles, los reclusos contestaban que ellos y los otros cumplían la ley por temor.

Recordé lo anterior analizando los resultados del Panel de Opinión. Al preguntar a los académicos y a los políticos si tienen inversiones en el mercado de capitales, el 22% de los segundos y el 37% de los primeros contestaron que sí. Resultado sorprendente. Con alta probabilidad el ingreso y patrimonio de los congresistas es superior al de los académicos. Puede avanzarse la hipótesis de que los políticos prefieren invertir en tierras, ganados y palma y los académicos en cuentas de ahorro que mal que bien es mercado de capitales. Si el sueldo de los congresistas, concejales, diputados, sumado a los gastos de representación, el subsidio de vivienda, a los viáticos y los tiquetes aéreos no les alcanza para la gasolina, menos para ahorrar en el mercado de capitales. Pudo ser que ambos grupos respondieron lo políticamente correcto: los políticos para evitar que se los considere capitalistas y los académicos, al estar vinculados en forma amplia a las facultades de economía, administración y contaduría, así no tengan los recursos para invertir. Es políticamente correcto hacerlo.

Hay recelo en contestar la verdad cuando las preguntas tienen una respuesta de opción indeseable socialmente. Si se pregunta ¿ha tenido tentación de robar en una tienda?, ¿evade impuestos?, ¿ha consumido drogas psicotrópicas?, la tendencia es contestar no.

Metodologías estadísticas de respuestas aleatorias permiten obtener mejor información, garantizando el anonimato y la tranquilidad de conciencia.

Simplificando, el método funciona así. Cuando hay una pregunta con respuesta de opción indeseable, se le pide al encuestado que tire una moneda, si sale cara debe contestar la opción indeseada: sí, evado impuestos; sí, he consumido drogas, etc. Si sale sello se le pide que conteste la verdad. Si por alguna razón, alguien accede a la base de datos y conoce la identidad del encuestado, no puede saber si la respuesta de opción indeseable corresponde al azar o a la verdad.

Un ejemplo. Si a 1.000 personas se les pregunta ¿ha usado drogas psicotrópicas?, 600 responden que sí y 400 que no. Por azar, hay aproximadamente 500 respuestas positivas, de las aproximadamente 500 respuestas verdaderas, y 400 dicen que no y 100 que sí. Se puede inferir que cerca del 20% ha utilizado drogas.

Volviendo al Panel de Opinión, un resultado satisfactorio e importante es el grado de confianza en las Cortes, en especial la Constitucional, por encima de la institución presidencial. El pasado gobierno empleó todos los métodos, aún los legales, para desacreditar el poder judicial. Para bien de la democracia no lo logró. Por el contrario, el grado de confianza se mantuvo. La confianza en la institución presidencial ha mejorado el 62% en el 2010, el 53% en el 2009 y 71% en el 2011. La mejora de 2010 con relación al 2009 se explica porque la encuesta fue realizada luego de que la Corte Constitucional no aprobara la reforma que permitía una segunda reelección por las irregularidades aun delictuosas cometidas durante su trámite.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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