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Colombia no puede matener un proceso sostenido de desarrollo.
Ésta y una referencia al sistema impositivo de 1980 son las únicas que hace del país el profundo libro Why Nations Fail de los profesores Daron Acemoglu y James Robinson, quienes analizan, desde el final de la gran glaciación hasta nuestros días, por qué hay comunidades y países que logran crear bienestar para sus miembros y otras no. Las explicaciones geográficas, de abundancia o escasez de recursos, las culturales son refutadas con pruebas difíciles de controvertir. La tesis: la prosperidad y la pobreza son determinadas por los incentivos creados por las instituciones; las políticas determinan las instituciones.
El análisis de la colonización en Norteamérica se aparta de la versión tradicional de una colonia que llega huyendo de las persecuciones religiosas. Los primeros pobladores quisieron replicar el modelo español de la encomienda, la mita y el trabajo forzado de los nativos para extraer oro y plata. La realidad les mostró que no había metales preciosos y la población aborigen era escasa. Se cambió el modelo por uno de incentivos al trabajo del colono. Esto exigió instituciones que garantizaran los derechos. El desarrollo de América antes de la Conquista refuta la tesis geográfica: los avances tecnológicos, las estructuras urbanas, el conocimiento científico y los mitos estaban mucho más avanzados al sur del río Grande que en el territorio de Norteamérica. Un análisis novedoso es la explicación del desarrollo de Australia, donde la mayoría de los miembros de la población inmigrante eran de delincuentes. Al tiempo que llegó el primer despacho de presos, la incipiente justicia australiana actuó en contra de la jurisprudencia inglesa, que negaba todo derecho a los reos, en favor de una demanda de un forzado inmigrante. Las instituciones se fueron adaptando a estimular el asentamiento productivo de inmigrantes. Desafortunadamente, el capítulo no analiza las violaciones a los derechos de los aborígenes. Leyes recientes han tratado de resarcir a sus descendientes.
Los autores clasifican las instituciones como extractivas o incluyentes. Aquéllas corresponden a sistemas en los cuales una élite se apropia para su beneficio del trabajo y la capacidad innovadora de los habitantes, desincentivando el trabajo. Las incluyentes crean sistemas que estimulan la innovación, la productividad y el trabajo. Promueven la educación, la salud, los derechos del individuo y la certeza de que éstos serán respetados y no dependen de la voluntad de los caudillos.
Si se mira a vuelo de pájaro la institucionalidad en Colombia, puede entenderse la frase de los investigadores. Si las instituciones son débiles, es muy fácil modificar la Constitución. Las más de 30 enmiendas a la del 91 así lo demuestran. Muchas de las reformas se orientan a mantener privilegios de la clase política; otras, como la reelección, se lograron con el empleo del poder del Ejecutivo para obtener una Constitución ajustada a su beneficio. La actual reforma a la justicia consulta más las aspiraciones y los privilegios judiciales de los congresistas y la estabilidad de los magistrados, de lo que resuelve una de las limitantes al bienestar: una justicia para todos, eficiente y confiable.