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Realidad y ficción

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La frase de cajón «la realidad supera la ficción» encuentra confirmación en el caso del pacto suicida de los sacerdotes Richard Piffano y Rafael Reatiga, consumado el 26 de febrero de 2011.

Como ha sido divulgado, a raíz del diagnóstico del sida el padre Reatiga sufre un deterioro en su salud anímica. Decidieron hacer un pacto suicida que pareciera un accidente, con el deseo de proteger a sus familiares de la embarazosa situación que se produciría al hacerse público que los curas, además de hacer obras sociales en común muy apreciadas por las comunidades, asumían lo que hoy se llama una opción sexual diferente. Para algunos sectores conservadores de la sociedad y para la doctrina de la iglesia a la que pertenecían, esta opción sexual es una decisión que va contra las leyes de la naturaleza. Basta mencionar que el procurador acoge esta última tesis alegando razones teológicas y un rector de una universidad privada invocando razones geométricas.

Ensayaron, sin éxito, simular un choque en el cañón del Chicamocha. Tal vez no era tan clara la decisión de morir, hubieran podido provocar un volcamiento del carro con los cinturones de seguridad ajustados, lo que garantiza el éxito en el intento, o recurrir a métodos menos cruentos como cerrar las ventanas y dejar un escape de gas, que pasa fácilmente por accidente; mejor que la sobredosis de pastillas, que crea sospechas.

Decidieron contratar una pequeña empresa especializada en asesinar por dinero. No contrataron al sicario sino al administrador que provee el servicio con terceros. Cuando recibieron los disparos, de acuerdo con los médicos forenses, estaban en posición de oración.

La codicia de los asesinos, que les robaron los celulares, permitió descubrirlos. Puede avanzarse una morbosa hipótesis que explique el proceder de los amantes. Querían vivir, pero pagar la culpa de su comportamiento, con el temor permanente de ser asesinados. Tal vez no creyeron que en los bajos fondos los contratos ilegales se cumplen.

Hasta aquí la realidad. Veamos un ejemplo de ficción mucho más creíble. En el próximo festival de Eurocine se exhibe la película del director Alí Kaurismaki realizada en 1990 y titulada Contraté un asesino a sueldo. El director es conocido por una película que se exhibió en Colombia, El hombre sin pasado, de 2002.

El argumento del filme, exhibido esta semana con 22 años de retraso, es así: un hombre que pierde su trabajo por reestructuración de la empresa; está solo y deprimido, va a un bar y allí conoce a un sicario, hace un convenio con él para que lo asesine en una fecha indeterminada, conoce a una mujer que le devuelve el deseo de vivir. Decide deshacer el trato con el asesino, lo busca, pero para su sorpresa éste ha sido demolido. Para conocer el desenlace, es mejor asistir a la película.

Volviendo a Colombia, un asesino no admite cargo por homicidio múltiple, sino alega que su crimen es inducción o ayuda al suicidio. Como una de las víctimas padece una enfermedad terminal, aunque el desenlace no fuera inminente, puede decir que su delito es colaboración para realizar una eutanasia. Puede especularse qué delito se le imputaría al sobreviviente de un pacto suicida: ¿homicidio o complicidad recíproca?

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