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Dicen que hay dos tipos de personas en este mundo: unas que sólo piensan en crisis económicas y otras que planean comerse el almuerzo de alguien más. La pregunta es en qué tipo de racionalidad económica, de estas dos, nos queremos ubicar en América Latina.
De entrada no comparto el pesimismo rampante o “síndrome de tsunami económico” que encontramos en muchos analistas al calificar la realidad económica de América Latina. No podemos desconocer avances sustantivos de la región en materia de política social. El hecho de que hubiésemos sacado a más de setenta millones de habitantes de la pobreza o de haber multiplicado la clase media al pasar de ser el 17% de la población de la región en 1990 a ser hoy más de un tercio del total de la población, habla de un activo muy importante.
De igual forma, cómo no reconocer que en estos buenos años que ha tenido nuestra economía en la región se ha reducido la deuda externa, se han aumentado las reservas internacionales y la inversión y ha habido avances sustantivos al aplicar flexibilidad cambiaria. (El mejor antiejemplo de esto último es la dolarización ecuatoriana, que es hoy un dolor de cabeza para esa nación).
Lo anterior permitiría decir que América Latina sí tiene algunas condiciones para enfrentar lo que se viene a continuación en el mundo económico. La realidad de hoy es distinta de la década de los ochentas, en los cuales nuestra región vivió enormes dificultades. Ahora bien, sería necio dejar de reconocer la magnitud del choque que enfrentamos ante la caída de los precios de los bienes básicos o la persistencia de la misma. Por ello, a la pregunta de si estamos preparados o no para este nuevo tsunami económico habría que decir que sí, siempre y cuando seamos capaces de administrar algunos riesgos y enfrentar tres desafíos en lo que viene a continuación.
Los riesgos críticos son, de un lado, el manejo de realidades externas, como la crisis de China y, especialmente, la decisión de la Fed de elevar las tasas de interés en EE.UU. Una revisión sencilla a la serie de interés y decisiones de la Fed desde 1990 demuestra que dichos aumentos suelen ser persistentes por un período de tiempo y siempre han causado dificultades en América Latina (1994-1995 crisis de México, crisis de 1999, desaceleración 2005-2006). En segundo lugar surgen dos riesgos adicionales: de un lado, el manejo monetario en un escenario de altas expectativas de inflación y bajo crecimiento y, de otro, déficit fiscal y de cuenta corriente crecientes, que se agravan por ausencia de medidas estructurales para enfrentarlos.
Finalmente, estamos preparados para enfrentar esta nueva turbulencia económica si somos capaces de actuar en tres frentes. En primer lugar, definiendo un nuevo modelo de crecimiento económico que vaya más allá de los bienes básicos o el gasto público. En segundo lugar, enfrentando el reto institucional de acabar con la corrupción y garantizar unas reglas de juego ordenadas a los distintos actores de la sociedad. Y, finalmente, si persistimos en una agenda social y de reducción de la inequidad, a pesar de la turbulencia económica.
Dicen que cuando la marea está baja se sabe quiénes tienen puesto el vestido de baño. En el caso de América Latina, lo tienen puesto quienes sean capaces de generar nueva y mayor riqueza productiva, y esto significa un sector empresarial mejor preparado junto con una oferta suficiente de bienes públicos que soporten un ambiente competitivo a dicho sector productivo.
De no hacerlo retornaremos en la región a la “nueva normalidad” o “nueva mediocridad” histórica del crecimiento de América Latina, que desafortunadamente ya no seremos capaces de sostener, porque las nuevas realidades sociales y de construcción de una clase media deliberante exigirán compromisos y tendrán expectativas no satisfechas. Prueba de lo anterior es la epidemia de protesta social que se ha vivido recientemente en América Latina (Guatemala, Argentina, Ecuador, Perú, Chile, Honduras y Brasil). Crecer y ser más competitivos es el único camino para comerse el almuerzo de otras regiones del mundo y sostener el ritmo de crecimiento que tuvimos en los últimos años.
jrestrep@gmail.com / @jrestrp