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Se hicieron públicos dos informes esenciales para entender el crecimiento y el desarrollo de largo plazo de nuestra economía por parte del Consejo Privado de Competitividad.
Uno se refiere al Informe Nacional de Competitividad 2015-2016, que recoge el estado del país en la materia analizando en detalle asuntos como educación, infraestructura, salud, pensiones, logística, ciencia, mercados laborales, tributos, justicia, corrupción, TIC y política comercial. El segundo estudio se refiere al Informe de Competitividad Departamental, que ya alcanza tres años de seguimiento detallado de aquellos asuntos que permiten hablar de regiones más productivas y mejor preparadas para enfrentar los retos de la competencia internacional y nacional.
Estudiados los dos documentos, es conveniente destacar e insistir entre uno y otro, los asuntos sobre los cuales debiese trabajar nuestra Nación prioritariamente en su agenda de mediano y largo plazo, que nos permitirá enfrentar los vientos de dificultades que ya se asoman para toda América Latina y que van a requerir que naciones como la nuestra insistan en la agenda pendiente de cambios estructurales que se pospusieron en la buena década que vivimos hasta hace poco tiempo. De no hacer estos ajustes estructurales, volveremos a una “nueva mediocridad” en el crecimiento del PIB en la región, que fue la constante por muchos años en esta zona del mundo.
Del informe nacional cabe destacar la prioridad de acción en el tema de las instituciones, que incluye entre otros asuntos reglas de juego claras para los participantes productivos en la economía y superar ese maldito cáncer de la corrupción pública y privada. En el mismo nivel de importancia está la necesidad de demostrar avances reales en materia de productividad. Tal como lo señala este informe, y trabajos recientes de la OCDE, nuestro país tiene una productividad cinco veces inferior a la de EE. UU., menos de la mitad de la de Corea y aproximadamente 30% menos que la del promedio de América Latina. Más grave aún es el hecho de que la productividad en Colombia ha estado cayendo consistentemente en los últimos 20 años.
Este problema merece la atención de los actores claves de la educación superior universitaria, así como de la educación terciaria en el nivel técnico y tecnológico, de la mano de un trabajo más articulado con el sector privado, para lograr mejores niveles de pertinencia en la educación formal y no formal. Lo anterior aprovechando también mejor y profundizando en los avances en el uso de las TIC y en darle verdadera importancia y recursos a la investigación y la innovación, para ver si es posible dar un salto de nuevo hacia adelante.
En el informe de competitividad por departamentos es necesario reiterar la importancia de la agenda institucional, y en especial enfrentar con más y mejores armas el drama de la corrupción, que definitivamente tiene bloqueado el mejoramiento competitivo en muchas zonas de Colombia (en particular en buena parte de las regiones Caribe y Pacífica). Pero simultáneamente merecen destacarse avances en temas puntuales en algunas regiones del país, como la educación básica en Santander, las instituciones en Quindío, la diversificación empresarial en el Valle, las economías de escala en Bogotá, la educación superior en Caldas y Bogotá, entre otros asuntos.
Si queremos construir una paz estable, no es suficiente con definir unos acuerdos con un modelo de justicia adecuado o un mecanismo refrendatorio de los acuerdos serio que verdaderamente los legitime. Es también indispensable garantizar un adecuado ambiente regional que promueva la productividad y profundice en una agenda de equidad, y que se construya un ambiente apropiado para el desarrollo empresarial y la innovación.
De ambos estudios merece capítulo especial el dramático estado de corrupción del país, que sabiamente describió el periodista Juan Gossaín cuando dice “qué agradable era Colombia cuando los que robaban eran sólo los ladrones”, y la urgencia de la revisión de un sistema tributario antitécnico y casi confiscatorio que está ahogando la mecha del desarrollo productivo y que sigue empujando a los mismos que siempre han pagado a que paguen más allá de lo sensato, mientras la ausencia de formalización y la evasión siguen comiéndose los potenciales recursos para financiar este nuevo país próspero, competitivo y con paz.
* jrestrep@gmail.comTwitter: @jrestrp