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Las dos semanas anteriores nos dejaron por lo menos dos mensajes que levantan un alto nivel de inquietud entre los hacedores de política macroeconómica, así como en la sociedad. El primero tiene su origen en el Banco de la República y el segundo en el Banco Mundial.
De un lado, el gerente del Emisor aseguró oficialmente y dejó claro para todos que la caída de los precios del petróleo será permanente. De entrada, entonces, anunció que esto le representará (y, entiende uno, también permanentemente) menores ingresos al país por la vía de utilidades de Ecopetrol, impuestos y exportaciones. Lo anterior, dijo también el gerente del banco, tiene efectos negativos en el consumo y en la inversión en algunos sectores, que alimentarán una desaceleración de la economía. Algunos dirán que está anunciando algo que es evidente, sin embargo, el solo hecho de hacerlo público de esta forma es un mensaje de bastante más impacto porque lo convierte en un hecho cierto y reconocido por la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia del país. El mensaje viene además acompañado por un llamado de atención al Gobierno Nacional a que se “apriete el cinturón”, pues considera que, al generarse ingresos permanentes menores, se hace indispensable una reducción permanente del gasto público, como camino único para sostener un nivel adecuado de déficit fiscal y de sostenibilidad macroeconómica. Algo similar ya había dicho el FMI agregando un esfuerzo activo contra la evasión. A lo anterior valdría la pena, de igual manera, invitar al Banco Central a que de la misma forma esté abierto a una eventual reducción de tasas de interés que anime la reaceleración del crecimiento por la vía monetaria. El segundo mensaje vino del economista en jefe de comercio y competitividad del Banco Mundial, quien hace también un llamado de atención al país para que no se siga comparando con países de América Latina que crecen menos que nosotros (pero que seguramente nos dan la falsa tranquilidad de que estamos creciendo poco aunque más que los vecinos), sino con países del Asia que, justamente a pesar de la situación de los países emergentes, crecen por encima del 3% sin dificultad. Y de nuevo, el mensaje viene con recomendación. La única vía para crecer más, además del logro de la paz y de la reducción de la pobreza y de la inequidad, es el impulso a la competitividad por la vía de la innovación. De inmediato surgen dudas que vale poner de presente: ¿cuál es el estado actual de la anterior “locomotora de la innovación”?, ¿en qué quedaron dichos propósitos?, ¿por qué no hemos sido capaces de sostener la continuidad de una política que promueva la empresarialidad, la innovación y el desarrollo tecnológico? Todas estas preguntas hablan de la necesidad de no sólo diseñar o proponer políticas de largo plazo en materia de innovación, sino sostenerlas y alimentarlas. Aquí hay dos caminos por delante en los que deberíamos trabajar. De un lado una política de corto plazo de austeridad en el gasto (y no en la inversión, como se anunció recientemente) y de otro lado una política de mediano y largo plazo que se apueste por la innovación y la generación de nuevo conocimiento aplicado que genere mayor valor agregado en nuestro sector productivo. De postre: muy bienvenida y necesaria la propuesta que lidera el abogado periodista José Manuel Acevedo, junto con un grupo de destacados colegas, para rescatar la credibilidad de la sociedad en los administradores de la justicia en Colombia. En medio de varios escándalos y de un sentimiento de desazón, bien vale la pena apoyar esta iniciativa que propone acciones concretas para eliminar la indiferencia de muchos, para lograr reformas a la justicia que no terminen convertidas en zoológicos de micos, sapos y orangutanes y para promover estrategias que mejoren la eficiencia en los juzgados y el uso de la tecnología, motive mayores niveles de transparencia y evite tanto enredo en lo contractual. Por último concluye sabiamente que la ética y el derecho tienen todo que ver y que somos más los que queremos una justicia distinta para nuestro país. Bienvenida la iniciativa que requiere el concurso de muchos (que son la gran mayoría) para su éxito. jrestrep@gmail.com / @jrestrp