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Cada vez que pasa la celebración de Año Nuevo, quedan en los caminos veredales y en muchas poblaciones del país las cenizas de esos muñecos llamados los “años viejos”.
Esos personajes se construyen con los buenos y los malos momentos, con lo que sobra del año anterior, y con los recursos del año que cierra y las esperanzas del que inicia.
El “año viejo” de la economía colombiana que quemamos la semana pasada, es un digno ejemplo de eso que describo anteriormente, representa la expresión de momentos dulces y momentos agrios y ácidos, supone mucho de alegría, más de esperanza y también momentos de frustraciones y de incertidumbre y crisis.
Por el lado de lo dulce es justo destacar los muchos hechos positivos que rodearon el año económico de 2014. Sin duda lo más importante fueron los extraordinarios resultados de crecimiento económico de todos los trimestres del año. Fue absolutamente evidente que nuestro país siempre estuvo dentro de los cinco países del mundo con mayores tasas de crecimiento del PIB, jugando “tête-à-tête» con los grandes del Asia, y comparado con los países vecinos, nunca llegamos a tasas tan bajas como las que ellos experimentaron (menos del 3%).
En paralelo, esto significó un resultado sorprendente en materia de formalización laboral y generación de empleo que nos devolvió a tasas de desempleo que no teníamos desde hace más de 14 años. Esto se reflejó en reducciones en las tasas de pobreza absoluta y relativa y en mayor capacidad de inversión social en materia de vivienda, educación y salud. Finalmente todo lo anterior se animó con sobresalientes desempeños en las inversiones en obras civiles, con un muy buen desempeño de la construcción y con un buen comportamiento del consumo y con ello de sectores como el de servicios y comercio.
Pero de igual forma, quedaron espacios agrios y ácidos en el año viejo económico que terminó (2014). En especial los avances en materia de equidad y de competitividad siguen siendo frustrantes. No hemos sido capaces de que la riqueza generada se distribuya adecuadamente en todos los actores de la sociedad y tampoco hemos podido lograr aumentar nuestra capacidad de dar valor agregado en un contexto global. Seguimos pegados en las mismas posiciones y datos de hace 10 años con mínimos mejoramientos. En segundo lugar, sectores claves como la industria y el agro no levantan cabeza y el cierre fiscal dejó hondas preocupaciones con el hueco de más de 12,5 billones de pesos que nadie se atrevía a anticipar. El resultado fue una reforma tributaria que no dejó contenta a la mayoría, por cuanto no es estructural (apenas dura para 2015), y porque quedan dudas sobre sus repercusiones en el futuro productivo del país al acumular cargas tributarias demasiado altas (comparadas con muchas naciones) y alimentadas con impuestos claramente antitécnicos (cuatro por mil y patrimonio).
Para 2015 aparecen mensajes confusos que habrán de dilucidarse en el mismo. ¿Tendremos la capacidad de sostener el crecimiento que tuvimos en el año pasado?, ¿cómo nos afectará la eventual elevación de tasas de interés en EE.UU.?, ¿de qué manera la caída en los precios del petróleo aumentará aún más el hueco fiscal y como golpeará el PIB?
¿Ese eventual menor crecimiento de la economía permitirá sostener la sistemática reducción del desempleo o la cercanía al llamado desempleo estructural impedirá que siga bajando? ¿Sabemos algo del posible impacto del menor crecimiento de China y de la Unión Europea en la economía colombiana? ¿Cómo podremos lidiar con una balanza comercial crecientemente deficitaria y cómo podemos prepararnos para superar esta debilidad? De igual forma, ¿es posible enfrentar adecuadamente la volatilidad de la tasa de cambio y evitar sus efectos inflacionarios? Y finalmente sería bueno preguntarse si eventualmente podemos enfrentar una inflación más alta ante el crecimiento del salario mínimo, los posibles efectos de cargas laborales adicionales y el fenómeno de El Niño que tendremos en el primer semestre de 2015?
Como todo buen “año viejo”, el nuestro tiene esa tradicional mezcla de dudas, fantasías, esperanza, alegrías, temores y peligros.
Bienvenido el año económico 2015 y que siga siendo tan especial como el de 2014.
*Rector de la Universidad del Rosario