El cáncer de la corrupción

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La noticia reciente de Odebrecht da asco. La dimensión de los delitos de corrupción allí incluidos, el eventual impacto que se alcanza a percibir según las primeras informaciones en las ramas ejecutiva, legislativa y hasta judicial, tanto en el nivel local como en el nacional, de por lo menos dos períodos de gobiernos distintos, da buena cuenta de cuan enraizado, complejo y aterrador es el fenómeno de corrupción en el país.

Oyendo los hechos, se pregunta uno donde estaban tantas y tan costosas “ías” (Fiscalía, Contraloría, Defensoría, Personerías y Procuraduría) mientras se giraban entre corruptos 11,1 millones de dólares de sobornos. ¿Cómo es posible que semejante cantidad de dinero se entregue y nadie se de cuenta?

Preocupa también ver personas bien formadas, de reconocidas familias de distintas regiones del país, y sin ninguna necesidad económica, involucrados en procesos como este. Hasta cuán profundo de nuestros corazones y de las conciencias ha llegado el cáncer de la corrupción en nuestra clase dirigente. Tal como dice Cecilia López Montaño, cómo es posible que  “El Sector más privilegiado de una sociedad …. comete cada día más delitos de suma gravedad … qué le paso a estos individuos que han gozado siempre de grandes privilegios … para que perdieran el norte de esa manera?”. Y en un ejercicio de autoculpa qué le pasa y qué le falta a nuestro sistema educativo para que lleguemos a semejante escenario.

Confirman además estos hechos, lo que concluye la Encuesta Nacional sobre prácticas contra el soborno en Colombia, en la que el 91% de los encuestados ha sobornado, el 58% lo hace para no perder su “capacidad competitiva” frente a otros que también sobornan y el promedio del soborno ha subido de más o menos un 10% del contrato a casi el 15% del mismo. Como quien dice la corrupción reina y cada vez es mas costosa.

Con razón también Colombia queda tan mal ubicada en los indicadores anticorrupción que hacen parte de las mediciones de competitividad del World Economic Forum, cuando en 2015 el 83% de los encuestados en nuestro país creen que la corrupción está en aumento. Como resultado hoy ocupamos el puesto 109 entre 140 naciones en el comportamiento ético de las organizaciones y el 131 por el desvío de fondos públicos.

Frente a estas realidades tristemente ahora aparecen los aprovechados. Unos que convierten la corrupción en argumento facilista para capturar votos cuando históricamente han estado metidos haciendo muy poco por combatir el flagelo o peor aún siendo protagonistas del mismo. Otros que encuentran en esto la oportunidad para promover nuevos proyectos de ley, como si esa fuese la salida al problema. Contamos con un nuevo Estatuto Anticorrupción desde el 2011 y a la fecha para muchos son muy pocos sus resultados. Entre otras porque el corrupto sabe perfectamente, y si no aprende, a evadir las formas de control. Otros también confunden a la opinión mezclando dos problemas distintos: la ineficiencia del estado y el fenómeno de corrupción. Esta ineficiencia merece un análisis aparte.

Mientras vivamos un escenario en el que la financiación de las campañas políticas se da como se da, es imposible atajar la corrupción. Mientras sigamos dándole vida a un sistema judicial, donde también hay signos de corrupción, y donde la sanción social al corrupto es débil o expresión de impunidad, es imposible frenar el actuar corrupto. Mientras animemos, aun desde el sistema educativo, la lógica del “todo vale”, “camino fácil” y del “atajo” como expresiones de “viveza”, será también imposible enseñarle a nuevas generaciones el valor de la integridad. Mientras no exijamos mecanismos transparentes de rendición de cuentas y de control a los actores públicos, será también muy difícil detectar los actos corruptos. Mientras sigamos creyendo que la corrupción es sólo del sector público y nos olvidemos de que en dicho acto hay uno que paga y otro que recibe; y mientras sigamos siendo generosos con el fraude de la evasión fiscal como expresión de corrupción privada, será difícil enfrentar el problema de fondo.

En el entretanto la corrupción se sigue comiendo más del 1% del PIB y sigue acabando con el alma de nuestra sociedad y cultura.

Jrestrep@gmail.com; Twitter: @jrestrp

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido