Publicidad

Lecciones de la reforma tributaria

José Manuel Restrepo
13 de diciembre de 2014 – 09:02 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Vale decir de entrada que el rápido curso que sigue la reforma tributaria en el Congreso de la República, así como la bendición del FMI al mismo proyecto, anticipa que su aprobación (con algunas leves modificaciones y miquitos) será inevitable.

Para nadie es un secreto que la necesidad de los $12,5 billones existe y que seguramente con la “sudada de petróleo” que anticipamos para 2015 se puede convertir en una necesidad cercana a los $17 billones.

Frente a este escenario cabe decir varias cosas. En primer lugar, que no existe reforma tributaria “sexy” y que siempre será inevitable el rechazo de distintos actores de la vida nacional. A la anterior reforma se opusieron los empleados, a esta se oponen los empresarios, que evidentemente tienen más espacios de opinión que los asalariados. En segundo lugar, que es también inevitable que los gremios y empresarios salgan a criticar la reforma, y que lo hagan en justa defensa no solamente de sus intereses, sino especialmente del impacto que la reforma puede tener en el futuro económico del país, que no parece muy alentador. Y, finalmente, que al valiente ministro de Hacienda de turno le corresponde insistir en su reforma y “sostener la caña” para recaudar el hueco fiscal que prevé.

Dicho lo anterior, no es fácil satisfacer a los empresarios, porque ello implicaría eliminar el llamado impuesto para la pobreza o a la riqueza. Cualquier ajuste en el Congreso no será necesariamente de buen recibo entre los empresarios. Eso significa que de este trance quedarán heridas políticas que suman un costo más al Gobierno Nacional.

A pesar de lo anterior, es justo decir que lo más inaceptable de la reforma es que los colombianos “nos estamos acostumbrando” a prácticas de política fiscal que no deberían repetirse, y es justamente aquí donde debemos insistir en algunas lecciones de cara al futuro tributario de la nación.

Nos estamos acostumbrando a nunca implementar una reforma tributaria estructural, ahora con el argumento del poco tiempo que tenemos y antes con el de que no existe tal tipo de reformas. Lo que esto significa es que nos estamos acostumbrando a que cada dos años al país productivo le cambien las reglas de juego y a que la sociedad se aguante nuevos tributos o ajustes al alza en muy cortos períodos.

Nos estamos acostumbrando a una “ingeniería tributaria” que privilegia el camino fácil en el diseño de tributos. Por ello el Gobierno mismo, y a pesar de reconocerlo, persiste en impuestos antitécnicos fáciles de recaudar. Y nos estamos acostumbrando a que “a las carreras” en comisiones mixtas y con poco debate y muchos añadidos de exenciones, aprobemos reformas tributarias.

Nos estamos acostumbrando también a que sean siempre unos pocos los que paguen tributos en Colombia y a que la inmensa mayoría siga evadiendo. En estas dos últimas reformas fuimos los asalariados y ahora los empresarios, los sacrificados de la fiesta. Mientras tanto, la evasión supera los $50 billones (cuatro reformas tributarias) y la corrupción se lleva entre 1 y 2 puntos porcentuales del PIB.

Y nos estamos acostumbrando a seguir persistentemente elevando el gasto público proporcionalmente, hecho que se demuestra en tributos que como el 4×1.000 y el de patrimonio antes financiaban gastos específicos, que a pesar de que acabaron ya o se redujeron, ahora dichos tributos seguirán existiendo 4 a 6 años más, ante la mirada pasiva de la sociedad. Nos acostumbramos a que el crecimiento elevado del PIB financiaba estos lujos, y ahora parece que la tendencia no es tan optimista.

En síntesis, nos estamos mal acostumbrando a un modelo de diseño tributario que merece ser replanteado.

Lo que sí esperamos los colombianos es que el primer día de enero del año que viene empecemos en serio una reforma tributaria estructural en la que todos paguen, en la que bajemos el gasto público excesivo (y no sólo recortes de $1 o menos billones en asuntos de poca monta), en la que la corrupción y la evasión se ataquen de fondo, y en la que tengamos un poco más de creatividad para que no sigamos siendo los mismos, los “paganinis”. ¿Será mucho pedir?

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido