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Se hicieron públicos los resultados del país en materia de reducción de la pobreza y de construcción de equidad.
Dichos avances dan buena cuenta de cómo hasta el momento, y como resultado de las buenas tasas de crecimiento de años anteriores, los avances en materia de generación de empleo y formalización, y la implementación de políticas sociales, el país logró reducciones importantes en los niveles de pobreza, tanto en función de ingresos como de la nueva denominada pobreza multidimensional, pero además logró resultados muy atractivos en reducción de la inequidad. El resultado es un crecimiento importante de la clase media que es a su vez medio a través del cual un país sostiene el consumo.
Hace poco la pobreza relativa era del 40% y hoy es 27,8%. De igual forma, la pobreza extrema era del 14,4% y hoy es 7,9%. Cerca de 5 millones de personas han avanzado para convertirse en clase media y 3 millones salieron de la pobreza extrema. Como lo expresa el decano de economía de la Universidad del Rosario, Carlos Sepúlveda, “Colombia ha estado viviendo un círculo virtuoso de crecimiento, generación de empleo y reducción de la pobreza”. Lo anterior es la foto de una película construida durante más de diez años.
Sin embargo, los más recientes resultados macroeconómicos, como el aumento de la inflación, la desaceleración en el crecimiento del PIB, el aumento en la tasa de desempleo, el crecimiento en el déficit fiscal y en el de balanza en cuenta corriente, el deterioro en el sector industrial y agro, y las inquietudes sobre los indicadores de confianza de los consumidores, alertan sobre una foto bastante más peligrosa para el futuro próximo. Aquí sí queda la sensación de que todo tiempo pasado fue mejor y que para dar un salto diferente urge un conjunto de políticas y actuaciones distintas.
En palabras del BID, si queremos avanzar y llegar a ser de ingresos altos, como España o Portugal, y lograr mejores estándares de equidad, debemos diseñar políticas que incrementen la productividad, hacer una gestión apropiada desde las instituciones oficiales y finalmente fortalecer la construcción de clase media. Si bien la construcción reciente de clase media es un logro, dicho avance para una gran cantidad de la población es bastante vulnerable y se puede deteriorar muy rápidamente. Para no ir muy lejos, los mismos datos de pobreza extrema en zonas rurales muestran ya un estancamiento de dicho logro en los últimos dos años y para poder seguir avanzando supone derribar muros que alimentan la marginalidad y necesitan de mucha más inversión en provisión de bienes públicos en dichas zonas del país (para no hablar de acciones efectivas contra la corrupción).
Todo lo anterior me hace pensar que la reforma pensional y tributaria, así como otras reformas estructurales, no dan espera, ni siquiera a que se avance en el plebiscito. Sin credibilidad internacional en materia económica y garantía de que sostenemos el grado de inversión, el mismo plebiscito de paz se complica y la posibilidad de una paz estable se vuelve inviable por simple ausencia de recursos o porque los logros sociales se deterioran rápidamente.
No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy. No dejemos la reforma tributaria para última hora, porque terminará siendo nada diferente a una colcha de retazos, aprobada a la carrera en el Congreso de la República. Esta reforma además debe permitirnos aumentar la inversión pública a casi el doble del monto invertido actualmente.
De paso, nada fácil la tiene el Banco de la República con la inflación y las tasas de interés. Sabemos que debe actuar elevando las tasas para contrarrestar una inflación que luce desbordada, pero en simultánea debe tener el cuidado de no apagar la tenue luz de crecimiento económico. En este equilibrio está otra clave de éxito para los próximos años en materia económica.
jrestrep@gmail.com / @jrestrp