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La simplificación del debate económico en el país suele ser bastante frecuente, pero el reciente debate a la luz de una supuesta filtración del informe de reforma tributaria es posiblemente el ejemplo más evidente de lo anterior.
Casi nadie se había leído las 261 páginas del informe final de la Comisión de Expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria, y de inmediato brotaban opiniones, columnas, manifestaciones y expresiones de todo tipo para comentar asuntos puntuales y descontextualizados del informe. De inmediato aparecieron las expresiones de distintos partidos políticos (que tampoco se habían leído el informe) para censurar, usar o argumentar asuntos específicos que filtró alguien. No faltaron también los sindicatos que anunciaron paros en los siguientes meses derivados de dichos cambios tributarios, que tampoco conocían en detalle.
Nos quedamos entonces para fin de año y los primeros días de enero con que el esperado informe de la comisión había propuesto el aumento del IVA al 19% y que allí se incluían la leche, el pollo, el vestuario, la internet, los útiles y la carne; y una disminución en la base mínima de ingresos para tributar en renta. Simplificamos entonces el debate de fondo de una reforma estructural impositiva a simplemente un par de impuestos en algunos artículos puntuales, que naturalmente generan todo tipo de polémicas y peligros.
Un peligro es que descalifica el informe, sin haberlo analizado juiciosamente, y en segundo lugar que sataniza algunas modificaciones impositivas sin siquiera considerarlas. A la luz del debate de fin de año queda la sensación que no puede haber modificación al IVA o que no aspiramos a que más personas se formalicen en el sistema tributario a través de una declaración de renta, porque eventualmente se rompe la unidad nacional o hay un paro.
Si queremos una reforma impositiva a largo plazo, si queremos ser verdaderamente competitivos, vale la pena no tener temas tabú en materia fiscal. Es urgente revisar todos y cada uno de los tributos (nacionales, departamentales y municipales), tanto en tarifas como en base tributaria; y de igual manera invitar al Gobierno a que proponga un ajuste de fondo en gasto público y en materia de evasión. Lo que no puede seguir pasando es que cada dos años o menos hagamos reformas tributarias sin pensar en sus impactos y consecuencias como la que recientemente se hizo, que en buena medida esta Comisión de reforma estructural propone echar para atrás.
Leí las 261 páginas del informe y siento que allí hay una muy buena batería de ideas de reforma tributaria que solucionarían buena parte de nuestras necesidades fiscales de largo plazo, si hacemos una mezcla adecuada de dichas modificaciones.
La comisión encuentra absurdo un sistema tributario que cada año nos hace menos competitivos en el sector empresarial y que por su informalidad y ausencia de control hace que los mismos que pagan, paguen en exceso. Reconoce también la urgencia de necesidades de nuevos recursos y propone cambios de fondo. Así pues, lo veo como un informe serio y ponderado, al que no le hace justicia el debate de fin de año ni la filtración parcial realizada del mismo.
Me gusta la eliminación del impuesto a la riqueza y un sistema de IVA más equitativo (eliminando exenciones que benefician más a los más adinerados). Me gusta también la creación del impuesto a los dividendos en la forma gradual como se plantea y con un efecto mayor en personas naturales, y destaco la creación del impuesto a las utilidades empresariales en lugar de ese desordenado, desestimulante, inequitativo y complejo impuesto a la renta y CREE que nos colocará en 2021 como el país probablemente mas costoso en lo tributario del mundo para las empresas.
Me gustan también los ajustes que propone la comisión a los impuestos territoriales en donde hay abusos que pocas veces se hacen públicos, pero que lleva a incrementos excesivos en impuesto predial o abusos en muchos otros de los más de 30 impuestos locales. Por pulir aún el tema de las entidades sin ánimo de lucro y el capítulo para enfrentar la evasión. Y tristemente no avanza la Comisión a recomendar un reemplazo a ese impuesto antitécnico del 4 por mil.
jrestrep@gmail.com / @jrestrp