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La suspensión de la venta de Isagén, las demandas de los pilares del nuevo Gobierno (Paz, Educación y Equidad), la urgencia del avance significativo en construcción de infraestructura vial, los sueños en materia de educación (que sólo ellos podrían costar hasta $14 billones), el aparente descuadre en el tema presupuestal y los costos asociados al posconflicto, hablan de necesidades de nuevos recursos que financien dichas metas.
Está claro que con la estructura de finanzas públicas actuales, y dada la finalización de algunos impuestos coyunturales, es imposible hacer realidad todo lo anterior de forma exitosa. Esto significa es que es indispensable una nueva reforma tributaria. Sin embargo, una reforma que sea estructural y justa.
Esta reforma tributaria debería ser un instrumento que tuviese alguna perdurabilidad mayor a 1 o 2 años, y de verdad aborde los asuntos de fondo con un balance técnico adecuado. Ha hecho por ejemplo carrera echar mano de impuestos muy fáciles de aplicar, gravar, y controlar (como el impuesto a las transacciones financieras 4 x 1.000), pero antitécnicos y perversos para el aparato productivo colombiano. Todos saben perfectamente que el 4 x 1.000 es un impuesto cada vez menos efectivo en el recaudo y que motiva la desbancarización, asunto este último que es inconveniente para alimentar la inversión y el ahorro en una economía. La nueva reforma tributaria debe ser una oportunidad para ser más arriesgados y pensar en otras formas de tributación, más proclives al desarrollo productivo y técnicamente acertadas.
Sin duda un primer paso necesario es ser mucho más riguroso contra la evasión y también con la elusión tributaria. Como lo expresara el anterior director de la DIAN, en Colombia la evasión del IVA es del 40% y en renta del 50%, lo que significa casi $50 billones (algo así como 4 o 5 reformas tributarias tradicionales sumadas). Si hacemos algo en este solo tema, hace rato no necesitaríamos reformas.
Coincido también con Asobancaria cuando habla, además de lo anterior, de aumentar la base de contribuyentes y en algunos casos subir las tarifas. Sin duda no podemos hacer una reforma donde la pesada carga caiga de nuevo sobre la clase trabajadora, la misma que siempre ha tributado y sobre la cual de nuevo es muy sencillo el control. No porque sea sencillo deben ser siempre los mismos “paganinis” del sistema tributario.
Recogiendo las ideas de Thomas Piketty, puede ser recomendable acudir a impuestos personales al patrimonio y a los grandes capitales y activos, siempre y cuando garanticemos que todos los dueños de dichos activos reporten los valores que son.
Vale decir por ejemplo, que los retrasos en actualización catastral y la ausencia de un control adecuado, sostienen aún capitales en propiedades sobre la tierra y aún sobre activos como el ganado, en donde el valor sobre el que se tributa dista mucho de la realidad del capital. Es indispensable actualizar estos valores, y en el caso de los predios rurales hacer lo propio en ciudades medianas y pequeños municipios, para que el impuesto al patrimonio llegue realmente a quien debe llegar.
Naturalmente el fisco debe también llegar a los paraísos fiscales a verificar buena parte del patrimonio de los colombianos.
Finalmente puede ser recomendable retomar el tema del IVA que realmente grava la actividad de la persona y buscar a través de este mecanismo un recaudo adicional con alguna destinación específica de orden social.
De postre
Vino a Colombia el economista norteamericano Jan Kregel a decirnos que ingresar a la OCDE es un grave error. Permítanme disentir de dicha posición, aún cuando tengamos diferencias con otros países. La posibilidad de estar en clubes como este es una oportunidad para que el país entienda que debe ser más competitivo y que lo que hace lo debe efectuar con mayor calidad.
Lo contrario es seguir quedándonos en clubes, que poco o nada nos aportan para tener importancia en el concierto internacional productivo. Lo que no puede ser es que por no entrar a espacios como este, terminemos en clubes como el ALBA o similares, de los cuales las lecciones son todas un fracaso.
José Manuel Restrepo Abondano *
jrestrep@gmail.com / @jrestrp