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Para los seguidores de esta columna no fue sorpresa el retiro del Ministro de Hacienda, como tampoco será sorpresa el seguimiento asiduo a su reemplazo, sobre quien recae el escándalo de DRAGACOL y que gracias a las redes sociales y al archivo “histórico” de Google, el país tendrá más presente que antes.
No obstante el esperado relevo, tan importante responsabilidad pública seguirá en manos de la excluyente sociedad del mutuo elogio orientada por Uniandinos, así que la maña de disfrazar bajo el apelativo de “técnico” un proceder eminentemente político se mantendrá, como la de intentar imponer IVA a la canasta familiar que seguirá amenazando al segmento menos favorecido de la población.
Los retos de la Cartera de Hacienda siguen siendo los mismos que hace diez años, sin que hayamos visto avances significativos: Lograr equilibrio fiscal, púes adolecemos de uno de los déficits públicos más altos de América Latina, a pesar de los chorros de petrodólares y bonanza minera de la última década. Disminuir el desempleo, el cual también es el más alto de la región en términos cuantitativos y unos de los peores en términos de calidad. Frenar la creciente inequidad, mediante mayor recaudo progresivo y más gasto social. Mejorar la competitividad de la economía mediante inversión en infraestructura y menor presión revaluacionista del gasto público. Y ahorrar de la actual bonanza de materias primas para que nuestros hijos no se queden solo con un hueco. Ninguno de estos retos se logró, a pesar de las falacias con que se aceitó a nuestros medios de comunicación.
Pero el Ministro saliente además de quedar en deuda con el país, deja un precedente preocupante, como es el de destinar parte del Presupuesto General de la Nación a especular en el mercado cambiario. Con su maniobra de comprar medio billón de dólares este mes, no para prepagar deuda externa ni para ahorrarlos en el exterior, puede estar violando la Ley, ya que lo aprobado por el Congreso en materia presupuestal no contiene el rubro de “especulación cambiaria”. Si le toca vender dichos dólares a perdida ¿De quién sería la responsabilidad? Es necesario que no solo se active el control político del poder Legislativo en este tema, sino también la función de investigación de la Contraloría.