Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con este agresivo titular el diario francés Libération protestó contra la petición hecha por el multimillonario dueño de Louis Vuitton como reacción al anuncio del presidente François Hollande de que aumentará los impuestos a los ricos. ¡Pues que se vaya del país!
En relación con este debate, un reciente estudio de nuestro Banco de la República, de Óscar Ávila, dice que “si se quiere reducir la diferencia entre ricos y pobres es necesario que el Gobierno financie (total o parcialmente) la acumulación de capital humano de los individuos con menores recursos. El mayor gasto implicaría un incremento en los impuestos, situación que podría restar dinamismo a la economía en la medida en que afecte el comportamiento de los agentes. Dado lo anterior, es de esperarse que exista una disyuntiva entre reducir la desigualdad y maximizar el crecimiento económico” (Borradores de Economía, Nº 732, sep. 2012).
El problema es que la disyuntiva es excluyente: o crecemos o distribuimos, pero las dos al mismo tiempo no. ¿Será cierto? Porque de ser así las sociedades estarían sujetas al permanente chantaje de los más adinerados que, de vulnerarse sus condiciones de acumulación de capital por cuenta de mayores impuestos a sus ganancias, sólo se irían a un país que les permita acumular sin pensar en los demás. Este mismo estudio concluye que “llegar a un nivel de desigualdad cero es costoso en términos de producción”.
Entonces, en momentos en que la obsesión del planeta es reactivar el nulo crecimiento económico, la sacrificada será la equidad. En Francia, de manera valiente, Libération ha protestado por el chantaje de este millonario. En Colombia subsisten muchos de estos chantajes, pero los medios de comunicación tienen claro a quiénes representan, por ello se escucha a directores de noticias presionando la expedición de licencias ambientales, sin importar que ello atente contra nuestros herederos, que al final se queden sólo con un hueco en el planeta, o quejándose por la falta de estímulo y beneficios fiscales a grandes empresas, de las que depende su pauta.
Tal vez el pendejo sea yo, pues eso de la equidad se ha encasillado como discurso de izquierda, y hasta terrorista. La disyuntiva se recrudece y los políticos la disfrazan de leyes de confianza inversionista.