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Chambonadas ministeriales

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Bochornosa la inclusión, en una ley tan estratégica como la del Plan de Desarrollo, de una reforma pensional que genera tanta sensibilidad social.

Para quienes pensaron que con el nuevo gobierno se moderaría la megalomanía del poder ejecutivo del Estado colombiano, esta indelicadeza del Ministro de Hacienda sí que les deja dudas. El problema es de forma, de respeto por el proceso institucional y de consideración por la opinión diferente. Esta chambonada se repite en nuestra historia reciente. Basta recordar los impuestos que bajo emergencia económica implantaba Hommes en los años 90, para que después de pagados por los contribuyentes, pero tumbados por la Corte Constitucional, no hubiera poder humano que aguantara la tramitología para lograr su devolución; o cuando se cambió la fórmula de cálculo de la UPAC, pasándola de depender de la inflación a la tasa DTF, con resultados tan dramáticos como fue la peor crisis hipotecaria de nuestra historia y que todos terminamos pagando mediante la Ley 546 de 1999. O cuando se intentó extender el IVA a los alimentos de la canasta familiar con el cuento de incluir a la población en el régimen tributario y bancario; o cuando se ordenó al Banco de la República que le regalara parte de las reservas internacionales que administra al Gobierno para pagar su deuda externa. Por mencionar sólo algunos, de muchos intentos de los gestores de la política económica por meterles la mano a los ciudadanos sin mediar un debate abierto. Errores de manejo que los mercados terminan cobrando. Los TES han perdido valor en lo corrido del año y las acciones se han desvalorizado en promedio 6,5% en ese mismo periodo, debido a los temores de que la inflación no sea transitoria y el manejo fiscal no se equilibre, a pesar del aumento de ingresos fiscales derivados de la emergencia económica. El inicio del año ha sido de pérdidas en los mercados locales y el Ministro poco o nada interviene en eso, ya sea por su ciega fe en las “sabias” fuerzas de oferta y demanda, o por estar confiado de que el otorgamiento del grado de inversión al país, por parte de las calificadoras de riesgo internacionales, nos recupere la tendencia alcista en la que cerramos el año pasado.

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