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Con un repunte cercano al 6% esta semana, los mercados recibieron con optimismo las noticias venidas de Europa, sobre las posibles soluciones de su crisis crediticia.
Sin embargo, aunque pareciera que los líderes europeos salen sonrientes en varias fotos, siguen divididos sobre cómo enfrentar los problemas de insolvencia de algunos de sus países y de la iliquidez de su sistema financiero. La líder alemana Ángela Merkel parece ser la más sensata, al asegurar que la solución de fondo llevará años, mientras su homólogo francés pregona la salida con una retórica nacionalista y eurocentrista.
Los mercados necesitaban salir del fango en el que se venían revolcando y extrapolan con demasiado entusiasmo cada pronunciamiento del Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional, que se ufanan de su suficiente solvencia para soportar un pánico financiero, como el que casi se desata a principio de semana, cuando se bajó de calificación crediticia a los bancos más grandes de Estados Unidos, pero superado con un acuerdo sin precedentes de los grupos financieros más grandes del mundo sobre bajar sus tasas swaps, es decir, el costo de sus préstamos entre ellos, hasta casi cero.
Bajar las tasas de interés a casi cero ya es el último recurso, como lo probó Japón hace quince años y aún no sale de su parálisis, o como también lo aplicó la Reserva Federal de Estados Unidos en diciembre del año 2008, sin que hasta la fecha se haya podido dar verdadero respaldo a su recuperación. Un bajo costo del dinero no necesariamente estimula el consumo y en cambio sí puede alimentar burbujas en mercados como el accionario o el de materias primas, que después de reventar deja en peores condiciones a la economía.
Estas medidas, de irrigar liquidez mediante abaratamiento de la tasa de interés y emisión de euros sin precedentes, no frenarán la inevitable debilidad de la moneda de la Eurozona y por el contario constituyen una señal del desespero y falta de libreto, ante una crisis que nadie había podido imaginar. Los actuales niveles de recuperación del mercado deberían aprovecharse para vender posiciones perdedoras en mejores condiciones y proveerse de la valiosa liquidez en los portafolios, para poder administrar mejor la actual volatilidad, que no conviene sino a los especuladores de corto plazo.