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Inflación de pobreza

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De conformidad con mis anteriores análisis, la inflación dejó de ser el ‘coco’ de los mercados y su desaceleración en marzo incentivó la mayor valorización semanal de precios en los TES este año, inyectando ansiadas utilidades en los portafolios con estos activos.

Pero la caída importante no fue la de 25 puntos en la inflación total, sino la de 51 puntos básicos en la Inflación anual sin alimentos, que bajó de 2,94% en febrero a solo 2,43% en marzo, evidenciando que la moderada variación de precios no es un asunto de estacionalidad en cosechas o fenómeno del niño, sino de una generalizada debilidad de demanda en todos los sectores de la economía que pone en evidencia la fragilidad de la economía.

Es un error aplaudir a la política económica por el dato de inflación de 1,84% anual, pues no es señal de estabilidad sino de muerte agónica. Si al exiguo crecimiento del PIB en el año 2009 se le quita el aporte de petróleo y minería, que creció el 11,3% anual, y también se le quita el extraordinario incremento del gasto público que en el último trimestre del año pasado superaba el 5,3% real, se puede categóricamente afirmar que seguimos en recesión, pues el PIB privado no petrolero que resultaría de este ejercicio, aún decrece.

Otro síntoma de esta deplorable situación es el creciente desempleo abierto, el cual a febrero superaba el 13,4%, a pesar de la favorable circunstancia de las elecciones, que estacionalmente crean puestos de trabajo por la contratación de supernumerarios para los escrutinios y demás logística electoral. Y ni para qué torturarnos con el creciente subempleo.

Por si quedan dudas de lo agónica que puede estar esa economía privada no petrolera, las cifras de estancamiento en la cartera comercial y de consumo del sector financiero dejan claro que el tema no es de buena ortodoxia monetaria, sino de falta de demanda que equivale a hambre y desempleo, producto, entre otros factores, a la creciente inequidad en los últimos años ya reconocida por el propio Gobierno.

Es por lo anterior que no descarto que el Banco de la República profundice su política monetaria expansiva bajando el encaje bancario para abaratar y estimular el crédito y baje aún más sus tasas de referencia, ante el espacio que ha dado esta inflación de pobreza.

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