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Después de tocar máximos del semestre, el dólar retrocedió bruscamente, recuperando su tendencia bajista y dejando con un palmo de narices a las autoridades económicas nacionales, que se vanagloriaban del éxito de su política cambiaria para frenar la revaluación.
La coyuntural subida de la divisa en los últimos días se ocasionó por los temores en Europa y no por la exigua compra de dólares por cuenta del Banco de la República, ni por los anuncios de limitar las monetizaciones de entidades públicas y el Gobierno.
Lo que se viene es una pérdida de competitividad sin precedente, que seguirá afectando las críticas cifras de desempleo, las cuales no me convencen debido al desbordado crecimiento de la informalidad, lo que eclipsa la pequeña baja en el desempleo abierto, que aunque al cierre del año probablemente se sitúe marginalmente por debajo del 10%, no pude ocultar el galopante deterioro de las condiciones laborales en el país.
Además, viene la “imposición” del salario mínimo con un aumento de ap enas el 2%, probablemente, de todas maneras por debajo del crecimiento real de le economía en el año, que será cercano al 5%, evidenciando una postura inequitativa en detrimento de los empleados que no usufructuarán nada de ese crecimiento mientras sí se sacrificaron en momentos que la recesión nos acarició. Eso de la “Prosperidad Democrática” parece ser para unos pocos.
En el mercado de acciones la recuperación despejó temporalmente los temores de una burbuja especulativa, mientras que en el mercado de la deuda pública los TES mejoraron sus precios al cierre de la semana, después de la exitosa emisión de los Bonos de Ecopetrol y de que los temores por los efectos del invierno en el dato de inflación se moderaran.
Para la próxima semana, sobre el ya conocido dato de inflación, los mercados consolidarán sus cotizaciones en un canal lateral de amplia volatilidad que dará juego a los especuladores de corto plazo, mientras que aún no considero recomendable armar posiciones estructurales de largo plazo, excepto en el dólar, que pareciera reforzar su tendencia bajista, apoyada por la debilidad estructural de la moneda norteamericana y la falta de margen de maniobra de las autoridades locales, por no decir, su falta de voluntad política.