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MOMENTOS DE CRISIS EN TODOS LOS frentes —la política, los negocios, la ecología, el periodismo—, sirven para recordar otros problemas nacionales muy grandes no resueltos. La dramática fotografía que publicó este diario del Salto del Tequendama seco demuestra el fracaso al dejar morir el río Bogotá y su más hermoso símbolo.
Otros ríos de ciudades importantes, como el Danubio y el Sena, han sido rescatados gracias a empeños de gobiernos y ciudadanos. Aquí todo se ha hecho a pedazos costosos y perdidos, por culpa de gobiernos y pobladores de las zonas afectadas. Nunca se obligó como es debido a los curtidores de pieles a no infectar el río con sus desperdicios, ni a los pobladores cercanos, entre ellos los barrios del occidente de Bogotá, a contar con buenos sistemas de alcantarillado y aguas residuales.
El río era la mayor defensa ecológica del altiplano, de su agricultura y ganadería, y extendía sus beneficios hasta su hermano mayor, el río Magdalena y la vasta zona colombiana que llega hasta el mar. Pero lo fuimos abandonando lo mismo que al tren y la navegación fluvial.
Estamos cerca de otras elecciones de gobernantes y corporaciones públicas, en las que todo se ofrece. La región Caribe eleva gritos para que se trate mejor a sus pueblos y a su maravillosa ubicación geográfica. En el sur, hay marchas indígenas para que se respeten los derechos ancestrales de sus tierras. En este centro de Colombia es urgente un mayor esfuerzo de todos para que su mejor río y su histórico Tequendama no continúen agonizando.
Un paso adelante han dado el botánico Santiago Díaz y la veterinaria María Victoria Blanco al propiciar la creación de una Granja Ecológica y preparar un libro sobre la región del Salto y las formas de defender sus mil especies de insectos, búhos, osos perezosos, ardillas y plantas que están extinguiéndose al acabarse el agua por los desvíos del cauce para generar energía o para servir de alcantarilla.
Coletilla.– Que otros se preocupen por los Polos, democráticos o no, pero no olvidar el gran Salto colombiano.