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LOS INSPECTORES MUNICIPALES fueron en la pequeña Bogotá de antes la autoridad señalada para resolver directamente los pequeños problemas en las calles. Con ayuda de policías armados con un pequeño bolillo de madera, eran más eficaces que los actuales escuadrones antimotines.
Si en esta Bogotá agigantada fuera posible el regreso de esos inspectores, se disminuiría el peligro de casos atroces como el de la piromanía entre jovencitos y policías, en días pasados. En determinados barrios y en casos especiales, podría volverse al antiguo sistema de funcionarios con la función de recorrer a pie las zonas afectadas y aplicar, de acuerdo con las alcaldías menores y los puestos policivos, medidas inmediatas.
Un caso inexplicable en esta gran ciudad de hoy es que el tránsito urbano siga con el obstáculo de las zorras tiradas por caballos. En vías tan importantes y concurridas como la carrera 11 al norte, a cualquier hora el trancón se complica por una zorra o por un cargador de desperdicios en un carromato. Hay policías que impiden ventas callejeras o aplican medidas como las recientes sobre toque de queda para los menores o los vendedores de alcohol. Y abundan los “motos” escondidos en las esquinas para aplicar “partes” a los burladores del Pico y Placa. Pero no se ve a un policía que amoneste a un zorrero, cuyo caballo sometido a tortura pública es además el mayor factor de suciedad para la calle.
También en la carrera 11 con calle 90, hace más de dos años un vehículo derribó dos vallas de hierro y los restos retorcidos quedaron obstaculizando el paso de los peatones. A diario miles de personas pasan por allí, incluyendo los altos funcionarios en automóvil, y nadie hace nada para que se arregle el daño. Lo mismo pasa en las cercanías con casas demolidas o abandonadas que se convierten en focos de infección, o con los muros cubiertos con grafitis o propagandas.
Para contrarrestar estas y otras contravenciones abundan las medidas oficiales que no se cumplen, o el interminable papeleo administrativo, que es una forma de proteger a los infractores. Faltan los inspectores serios, que vean, denuncien e impongan soluciones prontas y efectivas.
Coletilla.- Para aspirar a inspectores de esa talla habría primero que saber quiénes serán los próximos presidente y alcalde.