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SOBRE EL PROYECTO DEL SEÑOR CARdenal Rubiano de construir unos edificios de oficinas a espaldas del Seminario Mayor han surgido diferentes opiniones.
Las que han tenido más publicidad son las de los vecinos, encabezados por el Museo de El Chicó y por la Sociedad de Mejoras y Ornato y su presidenta Elsa Koppel de Ramírez, que han desatado una ofensiva para defender la zona de bosques, agua y fauna que con gran dificultad ha logrado preservarse en ese sector del norte de Bogotá.
Es comprensible el interés del Arzobispado por remediar el déficit del Seminario, causado por la disminución de aspirantes a seguir la carrera sacerdotal. Pero es a nivel nacional y no urbano que conviene buscar un estímulo de la Iglesia Católica a las vocaciones y aportes de los fieles, para compensar las acciones de sectas extrañas que han atrapado distintas zonas. Colombia y especialmente Bogotá mantienen su fervor por la religión católica, y convendría un gran programa de renovación de seminarios y aumento de los seminaristas a través de la gran cantidad de iglesias y capillas inspiradas por el Concordato vigente con el Vaticano.
Los edificios detrás del Seminario cumplirían apenas parte de la financiación que busca la Iglesia, a costa del daño que ya antes se impidió de urbanizar las sierras de El Chicó. Basta mencionar el problema de estos días en Medellín por haberse permitido la construcción de viviendas en la llamada Cola del Zorro, anexa a la zona residencial moderna de El Poblado.
El terreno para el Seminario Mayor fue donado por doña Mercedes Sierra de Pérez antes de la explosión urbanística en El Chicó. Por derecho propio el edificio es uno de los de mayor valor histórico y arquitectónico de Bogotá. Sólo pueden admitirse obras de preservación ecológica y que sirvan para impedir el peligro de las aguas que bajan de los cerros.
Por lo pronto, renovemos en esta Navidad la emoción de los bogotanos al ver todos los diciembres el Seminario Mayor como una de las edificaciones más vistosas por su iluminación y por la imponencia que contagia a sus tranquilos alrededores.
COLETILLA.-Puede ser que el Cardenal, como dice una conocida telecuña, escogió para ese proyecto un lugar equivocado.