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SE AVECINAN PARA BOGOTÁ DÍAS más difíciles dentro del caos de la movilidad, como ahora llaman a lo que antes tenía un nombre más largo pero más efectivo: Departamento Administrativo de Circulación y Tránsito.
La Alcaldía ha pedido paciencia frente al desorden previsto para el Transmilenio por la calle 26 y la carrera décima, que durará dos años, a lo que se sumará la solución, todavía en suspenso, para la futura carrera séptima. También sigue el debate sobre tumbar o no el viejo El Dorado para construir un aeropuerto moderno. La crisis financiera, por su parte, ha semiparalizado las construcciones o forzado al cambio de planes, lo cual obliga a dejar más calles destrozadas.
A todas estas, invierno y ventarrones traen más preocupaciones a los profesionales constructores, entre ellos un entusiasta egresado de Los Andes, en cuyo blog encontramos lo siguiente:
“Ante las alteraciones climáticas, ¿cuál es nuestra responsabilidad como arquitectos?
Difícil pensar que podemos controlar el clima, y es posible que el daño a la capa de ozono sea irreversible. Año tras año tenemos peores inundaciones, veranos más calientes y huracanes más fuertes. Hace algunos meses vimos impotentes cómo el granizo bloqueaba la ciudad y destrozaba las cubiertas de varios edificios de Bogotá. A principios del año, un diminuto huracán destruyó la cubierta de un concesionario de autos, en la Autopista Norte. Y la semana pasada, para colmo de los arquitectos uniandinos, un ventarrón acabó con la fachada de uno de nuestros edificios insignias.
¿Es este un último llamado a la responsabilidad de nuestros arquitectos?”.
Coletilla. Esta Bogotá de los trancones lo que parece tener es una Secretaría de la Inmovilidad.