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Un acontecimiento de trascendencia en la historia bogotana ocurrió esta semana y ha debido tener mayor repercusión, si no fuera por las agitadas vísperas de las marchas contra las Farc.
La inauguración del Centro Gabriel García Márquez es la culminación en la práctica de una larga afinidad cultural entre México y Colombia. Nunca habíamos visto un auditorio con lleno completo que se pone de pies para aplaudir largamente a un funcionario oficial que entrega una obra, como ocurrió cuando la secretaria de Educación Pública de México, Josefina Vásquez Motta, describió los más significativos y bellos rincones de Bogotá o dijo que el Parque del Café del Quindío es la comprobación de que sí hay paraíso terrenal.
Los mexicanos demostraron saber mucho más que nosotros sobre esa histórica esquina de la carrera 6ª con calle 11. Hace más de 60 años, arquitectos mexicanos y colombianos la estudiaron junto con Le Corbusier al trazar proyectos del Bogotá futuro. Allí estaba Rogelio Salmona, visualizando la necesidad de mayores proyecciones a la luz, la piedra y el agua sobre el paisaje de los tejados, los cerros y el verdor de la Sabana. Su obra al fin la completó, días antes de su muerte, cuando en la Feria del Libro de Guadalajara se le preparaba un homenaje especial.
El Centro GGM de La Candelaria es punto de partida para otras grandes obras. Colombia responderá con otro centro similar en Guadalajara, para el cual hay acuerdos entre los funcionarios que viajaron a la pasada Feria del Libro y con el Fondo de Cultura Económica de México. Está previsto extender estos centros a otros países, como el medio más indicado para la difusión no sólo de las obras del Nobel colombo-mexicano, sino de la cultura universal por medio de la palabra impresa.
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COLETILLA. Los mexicanos nos abren los ojos para defender, conservar y enriquecer La Candelaria como rincón ideal de cultura y turismo.