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Van 17 muertos en total luego del atentando terrorista a la publicación Charlie Hebdo en París, y una conclusión que se deriva de esa sangrienta expresión de intolerancia, barbarie e incultura, es que la verdad es la contraria a las apariencias.
En otras palabras: si alguien se siente, no molesto u ofendido, sino amenazado por una caricatura, es claro que esa persona tiene convicciones demasiado frágiles y vulnerables. Es todo lo contrario de la apariencia. A primera vista, la gente piensa que los fanáticos que proclaman sus consignas a gritos y con las armas en alto, que detonan bombas y son capaces de asesinar a miles de inocentes y hasta suicidarse en aras de sus creencias, tienen ideas inspiradas en convicciones sólidas y profundas. Es al revés. Son ideas tan pueriles que no son capaces de soportar el esbozo de una sonrisa o la potencia de una risotada. La fuerza de una idea no sólo se mide en su validez y en su capacidad de persuasión, sino también en su triunfo sobre otras ideas. Es decir: la disputa es con otras ideas. No con balas. Por eso, si alguien cree que su religión está siendo irrespetada por un lienzo, un video, un texto o una caricatura, esa persona tiene el derecho de responder con su propio lienzo, video, texto o caricatura. Nunca con una bala. Y si alguien siente que debe empuñar un fusil para defender su dios o su filosofía, se ve tentado a usar un arma para protegerse de una burla, en ese instante la persona delata su patética fragilidad. Y no hay grito, consigna o explosión, por duro que suene, que pueda convencer de lo contrario.
Otra cosa que este atentado demencial contra la libertad de expresión revela es el poder de la palabra y la pluma, que se suelen considerar débiles frente a un fusil. También es al revés: son instrumentos tan poderosos que, por eso mismo, desde hace siglos, las autoridades han hecho hogueras de libros y han perseguido a escritores, artistas y humoristas, al sentirse amenazadas por la sátira y la palabra escrita. Como anotó T.S. Eliot: “El humor es también una forma de decir algo serio”. Nosotros en Colombia sabemos bien que esa burla y esa mofa, esa verdad que sacude y esclarece, presentada en forma graciosa y, por eso mismo, eficaz, es saludable y necesaria. Pero a la vez peligrosa. Y por eso mismo valiente y admirable. La prueba es el atroz asesinato de Jaime Garzón, que todavía duele y lacera.
En efecto, es tan poderosa la pluma que Stanley Kubrick, en su obra maestra 2001, recrea el invento de la primera arma: un hueso en manos de un simio. Cuando ese primate utiliza el hueso para matar a otro, y de esa manera adueñarse de un pozo de agua, el simio, en el frenesí de la violencia, arroja el hueso y lo vemos dando vueltas en el aire, y de pronto se transforma en una nave espacial, miles de años después, girando en el espacio, y lo primero que enfoca la cámara es una pluma: un estilógrafo que flota en la ausencia de gravedad del interior de la nave, que se ha salido de la camisa de un científico. Del garrote a la pluma: el refinamiento de las armas. Esa es la potencia de la palabra. De ahí que los cobardes se sientan asustados por ella, y en medio de su temor acuden, dándose golpes de gorila en el pecho, a los fusiles, y de paso demostrando, por enésima vez, la debilidad de sus ideas.