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Todos tenemos esta clase de historias: coincidencias asombrosas que resultan inexplicables, que inclusive parecen obedecer a un diseño celestial y burlón, como si los dioses, el destino, la suerte o el azar se propusieran hacernos una broma para dejarnos boquiabiertos.
Muchos han resaltado las coincidencias relacionadas con el número 11 y el ataque terrorista que derribó las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York. Ocurrió un 11 de septiembre: 9/11. 9+1+1=11. El primer avión en estrellarse contra las torres era el American Airlines 11, y tenía 92 pasajeros a bordo (9+2=11). El 11 de septiembre es el día número 254 del año (2+5+4=11), y en inglés hay 11 letras en las palabras “Afganistán”, la “ciudad de Nueva York”, el “Pentágono” y “George W. Bush”. Más aún, las dos torres parecían un 11 que sobresalía por encima de la ciudad.
Hay otros ejemplos igual de extraños. Un hombre conduce su auto, oyendo música en la radio, y al oír la banda sonora de una película de soldados, cavila en sus series de televisión favoritas relacionadas con guerras y batallas. De pronto se acuerda de un actor que no ha visto en décadas, que trabajó en la serie Combate, llamado Vic Morrow. La última imagen que tiene del actor es disparando desde un helicóptero. En ese instante la emisora interrumpe su programación para anunciar que el actor Vic Morrow acaba de fallecer decapitado por las aspas de un helicóptero mientras filmaba una serie televisión. El hombre queda tan sobrecogido que tiene que estacionar el auto y reflexionar sobre lo que acaba de suceder.
Otro caso: dos parejas asisten a un banquete de 150 invitados. El anfitrión ha decidido ensayar algo distinto: cada puesto en las mesas del comedor está numerado y ha metido en una caja 150 papeletas bien revueltas y también numeradas. Sólo al escoger su papeleta al azar, cada invitado sabrá cuál es su puesto asignado, y eso llevará a que todos se sienten con gente desconocida, personas con las que seguro nunca cenarían si no fuera por esta jugada de la suerte. Las dos parejas del comienzo, que son cuatro viejas amistades, escogen sus papeletas mientras los demás invitados toman asiento con gente que, en efecto, no conocen. No obstante, cuando ellos sacan sus papeletas, por una coincidencia asombrosa los cuatro quedan sentados juntos.
Una mujer tiene un catarro que la ha tumbado en la cama. Una amiga la invita al cine y le dice que su pareja llevará a un amigo para que ella lo conozca. Aunque se siente mal, y sin saber por qué, decide ir. Cuando llega al cine le dicen que el acompañante no vendrá, pero que otro amigo lo ha reemplazado a última hora. No es la mejor de las citas, pues ambos se quedan dormidos en la película, ella por el catarro y él del cansancio. Cuatro meses después, no obstante, se comprometen y llevan más de 20 años casados.
En fin, cosas así suceden todos los días en el mundo y seguro que cada uno conoce una historia similar. Pero confieso que me intrigan estos hechos mínimos y casuales; sucesos pequeños, accidentales y fortuitos, fruto de la suerte, que alteran la realidad de manera imprevista y a menudo trascendental. Esa es nuestra frágil y sorprendente condición que, para bien o para mal, a veces nos juega una broma o nos pega un tropiezo, y hasta con frecuencia determina nuestro destino.