El Barco de Malcolm

Juan Carlos Botero
27 de diciembre de 2019 – 12:00 a. m.

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Qué bueno que nuestro admirado maestro Malcolm Deas ponga las cosas en su sitio y diga varias verdades que este país, cuyo análisis suele ser superficial e inmediatista, no recuerda o no sabe o prefiere desconocer.

La verdad es que el gobierno de Virgilio Barco logró cosas que parecían imposibles. En eso el profesor Deas tiene razón: la gente juzga a los presidentes y sus gobiernos sin sopesar el contexto en el cual se ven obligados a operar. Y el contexto del país cuando Barco asumió el poder fue uno de los más difíciles que le han tocado a cualquier mandatario de la historia reciente de Colombia.

En Colombia se suelen juzgar los esfuerzos de sus líderes con base en rumores y titulares de prensa. Por esa razón, muchos se creyeron el cuento que Barco era un hombre desconectado de la realidad. Lo cierto es que este presidente interpuso una saludable distancia entre la prensa y la rama Ejecutiva del Estado, y los medios nunca se lo perdonaron. Barco decía que era malsano para el buen desempeño de la función fiscalizadora de la prensa esa cercanía con el presidente de turno. Antes de él, no era raro que los directores de medios almorzaran una vez a la semana en la casa presidencial. Barco le puso fin a ese manoseo que enturbiaba el análisis y la información que los medios le ofrecían al público; estos se sintieron rechazados, y comenzó una guerra que distorsionó su imagen ante el público. Como anotó María Jimena Duzán, hablando de la figura de Barco proyectada por la prensa: “los medios de comunicación nos encargamos de dibujar una imagen contraria a la real. Lo presentamos como un presidente ausente, incapaz, temeroso y gobernado por un cuerpo de jóvenes asesores”.

De otro lado, la gente ignora lo mucho que Barco logró en cuatro años. Empezando con una de las tareas más difíciles que se olvidan, que fue reconciliar a las Fuerzas Armadas con el aparato judicial del país. Había una verdadera fisura entre ambos estamentos y así no podía funcionar el Estado. Después de que el Ejército y el M-19 masacraran a los magistrados de la Corte Suprema y del Consejo de Estado en el Palacio de Justicia durante el gobierno de Belisario Betancur, reconciliar esos dos sectores de la sociedad parecía imposible. Pero Barco lo hizo.

No sólo eso. Gracias a sus reformas económicas se redujo la pobreza absoluta. Barco puso el tema de la pobreza encabezando la agenda política del país, y eso no había ocurrido antes, lo cual era inadmisible, porque el problema principal de Colombia siempre ha sido, más que la seguridad o cualquier otro tema, la pobreza. Además, Barco diseñó un proceso de paz que condujo, durante su mandato y el de Gaviria, a la desmovilización de cinco de los siete grupos guerrilleros activos de entonces. Y combatió la toma del país por parte del narcotráfico. Se nos olvida que el objetivo del cartel de Medellín era convertir al país en un narco-Estado, y eso, a un costo nacional inmenso de muertos y heridos, se impidió.

Lo cierto es que Virgilio Barco, a pesar de sus problemas de salud y de una oposición de tierra arrasada del Partido Conservador, le dio a Colombia un ejemplo de valor y entereza. Y trabajos como este de Malcolm Deas ayudan a poner las cosas en claro. Porque Barco salvó al país de un desastre absoluto. Y le debemos nuestra gratitud.

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