Publicidad

En casa

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Uno de los mejores libros que leí en estos días es En casa, una breve historia de la vida privada, de Bill Bryson.

Bryson, como se sabe, es un autor norteamericano dueño de un conocimiento abrumador sobre poco menos que todos los temas del universo. Su maravilloso libro anterior, Una breve historia de casi todo, así lo confirma. Sin embargo, la mayor virtud de este prolífico maestro es la transparencia de su estilo, su destreza para explicar los temas más complejos de manera asequible, sin renunciar a la hondura ni al rigor, condimentado con una buena dosis de humor y sin una sombra de petulancia. Su erudición es asombrosa y su escritura es una delicia.

En esta ocasión Bryson se ha propuesto una meta fascinante. El tema es el hogar. Y, como él mismo lo confiesa, el libro nace de su propia ignorancia. En efecto, en el año que Bryson y su esposa se mudaron a una antigua casa parroquial en Norfolk, en el extremo oriental de Inglaterra, el autor comprobó lo poco que él sabía de la vida doméstica. La historia de la humanidad, nos recuerda, no es excepcional. Es el recuento de acciones cotidianas de personas comunes y corrientes. Sin embargo, esas actividades (comer, dormir, el aseo, la sexualidad, la recreación, etc.), a pesar de ser las más importantes de la vida, a menudo son ignoradas por los historiadores. Casi todas giran en torno al hogar, así que Bryson escribe un estudio de la vida privada con base en los recintos de su casa. El baño le permite hacer una historia de la higiene. La cocina, una historia de la comida. El dormitorio, una historia del sexo. La sala, una historia del entretenimiento. El mundo doméstico, de pronto, aparece lleno de misterios. El autor repasa la lenta evolución de nuestras necesidades y costumbres, y el resultado es fascinante.

El libro está punteado de preguntas reveladoras. En todo comedor hay un salero y un pimentero, pero ¿por qué predominan esas dos especias y no otras? Si la reina Isabel en los tiempos de Shakespeare sólo se bañaba una vez al mes, y el resto de la población, por lo general, lo hacía una vez al año, ¿cómo fue que el aseo personal se volvió una rutina diaria? Cuando Carlos II dejó Oxford en 1660, un anfitrión anotó que los invitados dejaron sus materias fecales “en cada rincón y en cada chimenea” de su casa. Así, ¿quién inventó el inodoro?

Quizás lo más interesante del libro es ver cómo los aspectos más triviales de la vida cotidiana están ligados a sucesos históricos de gran trascendencia. Dudas sobre pelucas, partos, granos, escaleras, telas, botones, enfermedades, maderas, luces, armas, planos arquitectónicos, comidas, sirvientes y materiales de construcción, entre muchas otras cosas, conducen a respuestas asombrosas sobre guerras, esclavos, teorías, incendios, plagas, conquistas, hambrunas, descubrimientos y tragedias. Con frecuencia lo olvidamos, pero cada vez que abrimos una puerta o encendemos una luz; que tomamos un tenedor o saboreamos un pan; que entramos a un hotel o usamos una silla; que vamos al teatro o dormimos en una cama, estamos prolongando una historia de tormentos.

La historia privada es la lenta historia de la búsqueda de la comodidad, anota Bryson. La ironía es que esa búsqueda ha sido difícil y tortuosa, y llena de sufrimientos.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido