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La excomunión de la hermana Margaret

Juan Carlos Botero
03 de febrero de 2011 – 10:00 p. m.

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EXISTE UNA ABERRANTE HIPOCREsía en el interior de la Iglesia Católica, y si alguien lo pone en duda, sólo tiene que mirar el caso de la hermana Margaret McBride.

Los hechos, reportados en varios medios internacionales, son los siguientes. En noviembre del año 2009, ingresó al prestigioso hospital de Phoenix, Arizona, St. Joseph’s Hospital and Medical Center, una mujer de 27 años con 11 semanas de embarazo. En la lista de los mejores hospitales de Estados Unidos, esta institución ocupó el octavo lugar el año pasado y se considera líder en las ramas de la neurología y la neurocirugía. Existe desde 1895 y tiene 670 camas, y sobresale su atención a gente pobre y sin recursos, pues es uno de 42 hospitales que administra la entidad católica, sin ánimo de lucro, Catholic Healthcare West. El día 27 de ese mes, se reunió de urgencia el comité ético del hospital para decidir qué hacer con respecto a la mujer embarazada, pues su vida corría peligro. Sus cuatro hijos anteriores habían nacido sin problemas, pero en esta ocasión la mujer sufría de un grave trastorno, hipertensión arterial pulmonar, y los médicos dictaminaron que, de continuar el embarazo, la posibilidad de morir era cercana “al ciento por ciento”. Al cabo de un debate perentorio, y luego de consultar a la paciente, a su familia y a su médico de cabecera, el comité aprobó la decisión de abortar, y la vida de la mujer se pudo salvar. Sin embargo, tan pronto el obispo de Phoenix, Thomas Olmsted, conoció el caso, excomulgó a la hermana Margaret McBride por formar parte del comité ético. No es la primera vez que este obispo, burócrata del Vaticano durante 16 años, conoce la polémica. El 12 de febrero de 2006 le negó la comunión a un niño de 10 años de edad por ser autista, y en el año 2008, ante una ola de demandas relacionadas con abusos sexuales cometidos en sus parroquias, trató de amparar la diócesis con tecnicismos legales. En contraste, quienes conocen a Margaret McBride afirman que es una santa, una monja que ha dedicado su vida a cuidar a los pobres, atender a los desprotegidos y curar a los enfermos. Un ejemplo de compasión, sacrificio y bondad sin límites. La decisión de abortar, en este caso, no era fácil. Se trataba de una emergencia y la hermana McBride participó en una medida que buscaba salvarle la vida a la mujer, que, de haber fallecido, habría dejado huérfanos a sus cuatro hijos. Como declaró Linda Hunt, directora del hospital, en el diario Arizona Republic: “Moral y legalmente, no podemos cruzarnos de brazos y dejar que muera una persona a quien podemos salvar”. En todo caso, si hay un gran contraste entre el obispo Olmsted y la hermana Margaret, hay un contraste todavía mayor que este caso pone en evidencia. Porque mientras que cientos de curas pederastas, culpables de violaciones y abusos a menores, no han sido excomulgados, esta monja fue excomulgada de inmediato. No contento con eso, y por no haber despedido a la monja, en diciembre pasado el obispo excomulgó a todo el hospital, una institución de clara tradición católica desde su fundación. No hay duda: existe un abismo entre los viejos prelados de la Iglesia y la sociedad moderna, y pocos casos son más elocuentes al respecto que el de la hermana Margaret. Y pocos son más aberrantes.  

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