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Las «traiciones» de Zuluaga

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De la que nos salvamos. Porque basta ver la reacción del expresidente Uribe, tras las elecciones, para soltar un profundo suspiro de alivio. Ahora sabemos cómo habría sido este cuatrienio si su escudero, Óscar Iván Zuluaga, hubiera triunfado en las urnas: una política de odios y vengativa; un largo ajuste de cuentas ejercido con la sutileza de una pandilla de barrio.

O sea, si entre los mismos miembros del partido de Uribe se hackean, como se sabe tras las últimas revelaciones, y esto sucede entre quienes están más o menos de acuerdo, ¿cómo sería con la oposición y en pleno ejercicio del poder, con todo el aparato del Estado para encubrirlos? Da miedo sólo pensarlo.

Curiosamente, el que salió mejor librado de todo esto fue Óscar Iván Zuluaga, porque tarde o temprano él habría tenido que “traicionar” a su jefe político. No por desleal y menos por traidor, sino por realista y responsable. Ya vimos su primera “traición” cuando Zuluaga salió como un caballero a reconocer el triunfo de Juan Manuel Santos, y Uribe reaccionó furibundo, con palabras que sobresalieron por su falta de gallardía y de grandeza.

Claro: esa no sería la única “traición” de Zuluaga de haber ganado. Enfrentado a la dura tarea de gobernar no con consignas sino con realidades, Zuluaga habría incurrido en actos que, sin duda, habrían desatado la ira bíblica de Álvaro Uribe.

Por ejemplo, a pesar de todo lo que se dijo en campaña, Zuluaga habría tenido que mantener los diálogos de paz con las Farc. Es lo que Colombia desea, y él no habría podido imponer los ultimátum que tanto prometió. Con un proceso tan delicado en marcha, no se puede mandar todo al diablo por una rabieta o un tropiezo. Y este tipo de proceso está lleno de tropiezos. ¿Qué habría opinado Uribe de todo esto?

Igualmente, Zuluaga habría tenido que mantener el curso actual de la economía, que está marchando como debe, siguiendo un curso prudente y realista que ha bajado la tasa de desempleo y aumentado la inversión extranjera. ¿Cómo sería la ira de Uribe al ver que, en ese campo, las cosas seguían igual que bajo el presidente Santos?

Tampoco Zuluaga habría podido manipular a los jueces para proteger a los amigos de Uribe que siguen buscados por la justicia y dirigidos a la cárcel. Esa inacción, fruto del respeto al orden jurídico, habría sido intolerable para Uribe, y ya nos podemos imaginar sus trinos iracundos, acusando a su escudero de traidor.

Por último, y pese a las bravuconadas que se dijeron sobre Venezuela, Zuluaga habría visto que Colombia carece del derecho y de la fuerza para propiciar un cambio de régimen, y dado que esa nación es uno de nuestros mayores socios comerciales, él habría mantenido intactas las relaciones con el país vecino y no actuar a lo Uribe, de manera impulsiva e irresponsable, desatando una crisis diplomática de enormes dimensiones.

En suma, Zuluaga habría tenido que hacer, en esencia, lo mismo que ha hecho Santos. Uribe no habría aceptado mucho de ello, y como él sólo tolera títeres que obedecen a ciegas sus órdenes, Zuluaga también habría tenido que soportar, durante todo su mandato, al furioso expresidente llamándolo traidor. Entonces él sabría lo que ha sentido el presidente Santos durante todo este tiempo: un fastidio permanente, y sólo por cumplir con su deber.

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