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¿Perdonar a los asesinos?

Juan Carlos Botero
03 de diciembre de 2015 – 09:00 p. m.

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El proceso de paz con las Farc va a concluir pronto, y se nos viene encima una tarea muy difícil, una gran decisión colectiva como nación, y también una personal de todo colombiano: pronto tendremos que decidir si vamos a perdonar a los asesinos.

A eso se reduce el proceso de paz, y ése es su obstáculo más complejo: la dificultad de tragar tanto sapo que se puede resumir en uno solo: ¿cómo perdonar a estos criminales que han matado, mutilado, extorsionado y secuestrado a tanta gente inocente; que han asaltado poblaciones indefensas, destruido puentes y carreteras, sembrado minas homicidas, fomentado el narcotráfico, reclutado a la fuerza a miles de menores y violado a miles de mujeres? ¿Cómo aceptar que estos delincuentes, que han cometido atrocidades durante 50 años, paguen condenas irrisorias y terminen ocupando curules en el Congreso, pontificando sobre principios y valores, escoltados por el Estado y caminando entre gente decente, en igualdad de condiciones, y sin temor al castigo, a la represalia y a la acción de la justicia?

Sin duda, es una situación muy difícil. Difícil para Colombia como nación y también a nivel individual, porque cada compatriota ha sido víctima de la violencia guerrillera, en forma directa o indirecta, y ha padecido su barbarie y sevicia. Para ninguno de nosotros el tema es remoto o abstracto, sino tangible e íntimo, y perdonar a estos asesinos exigirá un esfuerzo colosal de cada uno.

Sin embargo, para que el proceso de paz funcione, y para que el país deje atrás el peor conflicto del continente en tiempos modernos, el que ha dejado una estela de muertos, viudas y huérfanos, la dura realidad es que será necesario pasar la página y, al final, perdonar a los asesinos. El costo de no hacerlo (de prolongar la guerra y tener una fuerza insurgente atacando poblaciones, matando y secuestrando, protegiendo cultivos ilícitos y destruyendo la infraestructura nacional) será siempre muy superior al costo (y al disgusto) de absolver a los asesinos. Pero es algo tan difícil de hacer y de pedir, que sólo se podrá hacer si nos apoyamos en otros casos, en quienes han hecho justamente lo que parece imposible, para poder avanzar y dejar atrás y para siempre un pasado sangriento que sólo nos ha causado daño.

En ese sentido, es útil leer el reciente y extenso artículo de la revista Time que describe cómo un grupo de personas perdonaron a su asesino. Cuando Dylann Roof mató a nueve personas en una iglesia Episcopal en Charleston, Carolina del Sur, lo primero que hicieron varias de las víctimas y sobrevivientes fue perdonarlo. Pero no lo hicieron por él, para aliviar su culpa o exonerarlo. Lo hicieron por ellos; para vivir libres del odio que había alimentado su racismo, para no quedar atrapados en un acto atroz, pensado y ejecutado por él. Para crearse su propio futuro, no impuesto por el asesino, sino por ellos. Porque entendieron que el pasado había sido destruido por Roof, pero el futuro sólo podía ser decidido por ellos. Quizás estas personas ofrecen un ejemplo para guiarnos en esta tarea tan difícil que se avecina, porque en Colombia o nos quedamos atrapados, presos del dolor y el odio del pasado, o nos atrevemos a soñar y crear un futuro sin conflicto armado. Uno que tendremos que construir entre todos. Incluyendo a los asesinos.

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