Republicanos, enemigos del pueblo

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A esta hora está claro: el Partido Republicano es el enemigo del pueblo.

Me refiero al pueblo estadounidense, por supuesto, y a estas alturas no cabe la menor duda: por ceguera o egoísmo, por sólo pensar en enriquecer el bolsillo, por falta de patriotismo o simple mezquindad, esta colectividad ha demostrado, de sobra, una escalofriante falta de grandeza y una indiferencia atroz frente a las dificultades que ese mismo pueblo debe soportar a diario. Les importa un carajo, y todo lo que hacen estos reaccionarios, en su inmensa mayoría y con poquísimas excepciones, es en función de sus propios intereses, y ya es hora de que esto se diga en voz alta y sin matices.

Claro, son expertos en aparentar lo contrario. En invocar los colores de la bandera, en recordar las estrofas del himno nacional, en indignarse con un atleta que se arrodilla en protesta por los abusos de las fuerzas policiales, y en acusar a los demócratas de miles de infundios. Pero las pruebas están a la vista de todos.

Porque, veamos: ¿quiénes se oponen a las medidas más obvias y elementales del control de armas con el fin de impedir las masacres en los colegios? Republicanos. ¿Quiénes están a favor de recortar los programas de asistencia social, que benefician principalmente a los pobres? Republicanos. En cambio, ¿quiénes están a favor de reducir los impuestos a los ricos, ignorando el mayor problema del país, que es la inequidad económica? Republicanos. ¿Quiénes se oponen a políticas sensatas de inmigración, caracterizadas por la compasión y la comprensión de que EE.UU. es un país hecho de inmigrantes? Republicanos. ¿Quiénes mantienen a Trump en el poder, un presidente que firmó una ley que facilita a los enfermos mentales tener acceso a armas de guerra? Republicanos. ¿Quiénes hundieron 500 proyectos de ley en el gobierno anterior, que tenían el objetivo de reducir el desempleo, y lo hicieron con la tesis de que el déficit nacional no se los permitía, cuando ahora ese déficit los tuvo sin cuidado al pasar una reforma tributaria que lo explotaría en 1,5 trillones de dólares? Republicanos. ¿Quiénes no sólo toleran sino celebran que su presidente no haga pública su declaración de impuestos, que elogie a neonazis y nombre a racistas en su gabinete, que perdone al canalla del sheriff Arpaio, que le falte el respeto a los veteranos y a los héroes de guerra, que insulte a la mujeres y a todas las minorías, que se mofe de los inválidos, maltrate a niños en la frontera y rechace la ciencia que explica del cambio climático? Republicanos. ¿A quiénes, por lo visto, les parece bueno que su líder nombre a sus familares en su gobierno como un vulgar dictador de una república bananera, y que le haga pagos a una prostituta a fin de callarla, y todo esto cuando estas mismas personas, hasta hace muy poco, se proclamaban los defensores de los valores tradicionales y de la moral de la familia? Republicanos. Y así uno podría seguir ad infinitum.

Un letrero, como el de los cigarrillos, lo dijo todo: los republicanos son peligrosos para su salud. Y es cierto. Este partido está atentando contra los valores y el bienestar de EE.UU. y del mundo. Por eso es urgente señalar que estos tipos se están convirtiendo en el enemigo del pueblo. Y sería bueno que el pueblo, por fin, se despertara y oliera la traición.

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