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Un hombre bueno en un mal papel

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Óscar Iván Zuluaga es un hombre admirable, respetado por su seriedad e inteligencia, y aplaudido por su capacidad de trabajo y su talento administrativo.

Fue concejal y alcalde de Pensilvania, Caldas; senador y ministro estelar de Hacienda del presidente Uribe; empresario exitoso y docente universitario, y además cabeza de una familia ejemplar, con hijos brillantes, aterrizados y patrióticos. Es un caballero sencillo y loable, y por eso da tristeza ver a una persona tan valiosa convertida en títere del expresidente Uribe.

Las fotos de campaña lo dicen todo. En la mayoría aparece Zuluaga en primer plano, y a su lado figura Álvaro Uribe. Es decir, el que ocupa el primer puesto en la imagen es el candidato presidencial por el Centro Democrático, mientras Uribe ocupa el segundo lugar. Pero la realidad es otra. El jefe no es Zuluaga sino Uribe. Mejor dicho: el primero es el segundo, y el segundo es el primero.

Estas fotos producen una deprimente sensación de engaño, porque los retratados se están burlando de la democracia colombiana. Ya que Álvaro Uribe no puede aspirar en persona a la Presidencia, parecen decir, entonces vamos a hacer esta treta, poniendo en la foto a su marioneta más leal, pero no se preocupen (guiño y golpe de codo en las costillas), porque en últimas el que va a mandar es don Álvaro. Es tan descarada la maniobra, que en uno de los logos más usados, que incluso viene de la campaña anterior, el que sale retratado no es Zuluaga sino el expresidente, reconocible por su silueta, para otra vez burlar la prohibición de la Comisión Electoral. Las reglas del país son tratadas como un chiste, como meros inconvenientes que se pueden sortear mediante la astucia.

Álvaro Uribe sólo tolera títeres, y el que no se somete a su autoridad es acusado de traidor y perseguido en forma implacable. Como el presidente Juan Manuel Santos fue tildado de desleal, el país entero ha tenido que pagar el precio por la furia de Uribe, su incapacidad de pasar la página, lanzando acusaciones temerarias en el exterior, y torpedeando la gestión presidencial a cada paso. ¿Y por qué fue Santos un traidor? Porque nombró en cargos públicos a gente profesional que Uribe desprecia, remendó relaciones con los países vecinos, y decidió ensayar un proceso de paz que el país necesita. Aun así, todos tenemos que padecer esta colosal crisis política, con sus inmensos costos y consecuencias, sólo porque Álvaro Uribe se siente traicionado.

Por eso da grima ver a Óscar Iván Zuluaga en su papel de segundón. Él expone las tesis de su campaña por convicción. Porque cree en esas ideas y las ha defendido con coraje desde hace años. Lo malo es que eso no importa. Él está ahí porque Uribe no puede, y a pesar de sus muchos méritos él sólo puede actuar como un títere obediente.

El país tiene opiniones encontradas sobre la gestión de Álvaro Uribe. Unos creen que fue el mejor presidente de todos, y otros creen que fue de los peores. En lo que no hay duda es que Uribe ha sido el peor expresidente de nuestra historia. Es capaz de sacrificar a todo un país por saldar sus cuentas pendientes y satisfacer sus odios personales. Y es tan mal expresidente, que es capaz de reducir a un hombre tan valioso como Óscar Iván Zuluaga al triste e indigno papel de muñeco de ventrílocuo.

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