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2019

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La celebración del Bicentenario en la Plaza de Bolívar fue majestuosa.

Se presentó un acopio de imágenes de nuestra nacionalidad que, aparte de impresionante por su técnica, es un mosaico exquisito de la biodiversidad que gozamos. El pianista sobre el dintel de la que fuera la puerta del Palacio de Justicia que rompió el tanque de guerra en 1985, es la representación perfecta del horror y la esperanza.

Otro evento fue el estreno en Colombia de Bolívar, fragmentos de un sueño, dirigida por Ómar Porras. Innecesariamente larga, pero vale la pena verla por los textos magníficos del genio de William Ospina, las maravillosas interpretaciones vocales y por la actuación del mismo Porras en el papel del Libertador. Pero, sobre todo, por esa escena en la que Francisco de Miranda, herido por la traición de Bolívar, encadenado y al borde la muerte en la prisión de La Carraca, relata en medio de lamentos sus aventuras por el mundo en procura de la libertad de América.

Queda también para recorrer la ruta del Bicentenario que nos lleva a los sitios más emblemáticos de la Bogotá que forjó nuestra Independencia. La guía impresa es una joya bibliográfica imprescindible.

Celebramos pues estos 200 años, pero para el país que quisiéramos tener habrá que esperar hasta el 7 de agosto de 2019, cuando ya habrán terminado los dos períodos del presidente Santos y se cumplirá el primer año de un nuevo gobierno.

Sólo entonces, según el plan Visión Colombia II Centenario: 2019, que se lanzó en agosto de 2005 y lideró en este gobierno el Departamento Nacional de Planeación, se logrará reducir la pobreza al 15%, reducir la tasa de desempleo a 5%, construir casi 4 millones de viviendas nuevas y disminuir el homicidio a una tasa de 8 por 100.000 habitantes.

Ojalá para celebrar se cumplan los objetivos de dicho plan: una economía que garantice mayor nivel de bienestar, una sociedad más igualitaria y solidaria, una sociedad de ciudadanos libres y responsables, un Estado al servicio de los ciudadanos. Es curioso; lo mismo proclamaron en 1776 los padres fundadores en los Estados Unidos y los revolucionarios franceses en 1789.

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