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Quienes hoy en día tienen menos de treinta años difícilmente pueden imaginar lo que sucedía en 1990, cuando no existía internet y tampoco la telefonía móvil.
Las telecomunicaciones locales, nacionales e internacionales eran un monopolio y para comunicarse –salvo el correo- el común de los ciudadanos disponía únicamente de la telefonía fija y de los telegramas; para la instalación de una línea telefónica la espera podía ser hasta de dos años y solo había una forma lícita de recibir las señales satelitales con las noticias del mundo.
Hace 25 años en agosto se expidió el Decreto-Ley 1990 de 1990, gracias al cual todo empezó a cambiar y fue posible la competencia en la provisión de los servicios y redes de telecomunicaciones.
La verdad es que llegamos tarde a esa ola liberalizadora que ya se había impuesto en casi todos los países desarrollados, gracias a la tecnología y a un cambio de paradigma en el papel del Estado en la economía y en la prestación de los servicios públicos. En Colombia, sin opción distinta a una empresa local de telefonía fija y a Telecom en la larga distancia, los consumidores durante décadas soportaron tarifas artificialmente altas y servicios deficientes.
No fue nada fácil desmontar el monopolio público. En abril de 1992 el país quedó aislado del mundo por una semana, gracias a un paro sindical en Telecom, piedra de toque para convencernos de que tenía que existir competencia. Así se permitió la multiplicidad de redes y servicios y se hizo más urgente el establecimiento de la telefonía celular, en lo que también estábamos quedados.
25 años después la tecnología digital lo envuelve todo y la existencia de los seres vivos y las cosas parece imposible si no se está enchufado a la red: la idolatría a la conectividad. Como en ningún otro momento de la historia dependemos de la información y la gran víctima es el conocimiento, tal como lo advirtieron los sabios.
También hoy, como en 1990, resulta válido el lugar común: El Estado parece superado por la avalancha de la tecnología; la regulación va demasiado lenta y es deficiente en su deber de proteger a tiempo el bienestar de los usuarios.
@jcgomez_j