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En diciembre pasado se cumplieron 20 años de la Decisión 351 de la Comunidad Andina, relativa a los derechos de autor y conexos. Esa normatividad —admirable y visionaria— sigue siendo un valioso instrumento para la protección de esos derechos en el ámbito de la Comunidad (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia), sin importar el medio o la forma en que se incorporen o difundan, aun en internet y otras plataformas tecnológicas.
El tema es bastante complejo en cuanto que las TIC superan las fronteras, lo cual facilita la usurpación y piratería de esos derechos, y porque existe muy poca conciencia colectiva sobre el respeto debido a las obras del ingenio humano.
En el caso de las señales de televisión y de radio, en el ámbito mundial existe una protección, otorgada en la Convención de Roma de 1961, pero limitada a los medios tecnológicos existentes en esa época.
Por esa razón es necesario que, tal como sí sucede en los países de la Comunidad Andina, esa protección se adecue a la realidad tecnológica, para impedir el uso fraudulento o no autorizado que hoy en día se hace de las señales de televisión y de radio en internet y en otras plataformas de distribución.
Precisamente, en esa tarea se encuentra la Organización Mundial de Propiedad Industrial (OMPI) —organismo de las Naciones Unidas— con el fin de dotar a los Estados miembros de un tratado para la protección de las entidades de radiodifusión. Para este efecto se celebró el mes pasado en Ginebra, Suiza, una trascendental reunión con claros avances, gracias a que EE.UU. y Japón resolvieron muchas de las diferencias que los separan frente a aspectos de fondo del tratado.
En defensa de la libertad de expresión y para la supervivencia de los medios radiodifundidos es vital que se logre un acuerdo este año, con lo cual el correspondiente tratado podría ser una realidad en 2015. Valga resaltar el interés y la destacada participación del gobierno colombiano en esa reunión de diciembre. Será decisiva su presencia persistente en las sesiones que vienen.
Bien dice el papa Francisco que internet es un don de Dios. Lástima que en la web exista tanto pillo que se comporta como el diablo.