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¿Atrapados en la parroquia digital?

Juan Carlos Gómez
11 de septiembre de 2016 – 09:00 p. m.

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El caso de Uber no es el único, pero sí el más emblemático. Envalentonado por las desafortunadas declaraciones de funcionarios del más alto nivel que parecen pedirlo a gritos, hoy o mañana puede suceder que un juez de tutela despistado les ordene a los operadores de telecomunicaciones que “bajen la aplicación” de Uber, lo cual sería fatal. Mientras tanto, las autoridades de transporte dan palos de ciego y quieren resolver los problemas de la movilidad de las ciudades colombianas con principios legales de hace cincuenta años.

Con cierta inocencia internet en sus inicios se vio como un invento que liberaría a la humanidad y así fue. Pero también propició que los gigantes de la tecnología que nacieron con internet –a la vez que nos encantaban con sus inventos– se tomaran la intimidad, la política, el comercio, la cultura, la vida familiar, el tiempo libre. La existencia regida por un algoritmo.

A muchos les parece que está bien, algunos ni se dan cuenta y la mayoría cree que no hay nada que hacer. En Colombia las instituciones están perplejas; al fin y al cabo se trata de un fenómeno que sucede lejos y sobre el cual no tenemos ningún control. Ese aislamiento nos puede costar demasiado y ojalá se hiciera algo más que quedarnos de brazos cruzados mientras otras jurisdicciones resuelven los conflictos.

Frente a empresas como Apple, Amazon, Facebook, Google y Twitter, la Unión Europea ha iniciado procesos de competencia –como lo hizo hace dos décadas con Microsoft– y ha tomado varias determinaciones efectivas para proteger los datos de los usuarios.

En Europa, grandes operadores como Telefónica, Vodafone y Orange están diseñando plataformas tecnológicas para que sus abonados tengan el control de la información que se aloja en internet e incluso puedan impedir que las redes sociales cobren por sus datos. Esta iniciativa hace parte de la batalla que libran esos operadores contra los cuatro gigantes de internet que en apenas diez años se volvieron más ricos y poderosos que todos ellos juntos. Es también la reacción tardía de Europa frente a la ventaja que le tomaron los muchachos de Silicon Valley. Al menos nuestra parroquia ya es digital.

@jcgomez_j

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