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La contribución de valorización que impuso el Concejo de Bogotá el año pasado es un lamentable ejemplo de abuso de poder. La insaciable voracidad impositiva pretende recoger casi un billón de pesos para la realización de obras que no trasformarán a la ciudad ni valorizarán los predios supuestamente beneficiados.
Uno que otro anden, ciclo rutas, un puentecito peatonal, recuperación de vías (¿taparán los huecos?), un centro cultural. Apenas lo mínimo que una ciudad decente debe ofrecer: por donde caminar, por donde movilizarse.
Bogotá no se está trasformado. Es una burbuja en retroceso. Una urbe caótica y cara. Ahora está llena de rateros y mendigos. Sin un sistema de trasporte digno; sin vías. Sí, es cierto que -afortunadamente- en salud y educación, existen logros destacables, pero, esto ha sido a costa de exprimir incesantemente a los estratos que se suponen pudientes. Sin embargo, muchas personas de los estratos 4 y 5 -e incluso del 6- tienen que endeudarse para pagar impuestos y contribuciones a la ciudad. Para no perder en un remate infame tal vez el único bien que tienen en este mundo. Su pecado es ser propietarios de una vivienda, que no es ningún tesoro.
La paquidermia de la justicia impidió que una demanda de la exconcejala Ángela Garzón frenara el cobro de la contribución de valorización, decretada con múltiples vicios de fondo y de forma que se quedarán para deleite de la academia jurídica.
El plazo para pagar con descuento vence el próximo viernes 20 de diciembre. Vaya manera de celebrar la navidad y de despedirse el alcalde Peñalosa. No es una coincidencia que se cobre en esta época. Los burócratas que diseñaron esta contribución de valorización previeron que se pagará por estas calendas, precisamente, para echarle mano a la prima navideña. Es una infamia. Lo ético hubiera sido que la administración distrital, en lugar de gastarse un cuarto de billón de pesos en auto bombo, hubiera destinado esos recursos para pagar parte de esas obras.
La nueva alcaldesa -sin populismo y responsabilidad fiscal- tiene el inmenso reto de quitarle a los contribuyentes bogotanos la sensación de que somos la famélica vaca lechera del Distrito Capital. Después de pagar… ¡Feliz Navidad!
@jcgomez_j