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El lugar común según el cual, la realidad supera la ficción, se expresa en toda su magnitud en la institución de la presidencia en Estados Unidos.
El testimonio del destituido director del F.B.I James Comey ante el Comité de Inteligencia del Senado la semana pasada parecía una escena de ficción. Sin ambages Comey declaró que Trump le mintió a su país, lo cual eventualmente podría costarle la presidencia.
La puesta en escena parecía tomada de un capítulo de House of Cards o de Designated Survivor, dos de las series más exitosas sobre las intrigas del poder en Washington y cuyos nuevos episodios son esperados con ansiedad por millones de personas alrededor del mundo. Lamentablemente la última temporada de House of Cards, es aún peor que la anterior. Situaciones previsibles y maquinaciones ramplonas. Ya resultan patéticas las depravaciones y maldades del presidente y de su esposa y la falta de carácter de todos los personajes –excepto el periodista Tom Hammerschmidt-. Es la decadencia del poder, pero también de la serie. Ya casi no dan ganas de verla, con todo y Robin Wright.
En cambio qué refrescante y esperanzadora la figura del presidente Tom Kirkman, el de Designated Survivor. De oscuro Secretario de Vivienda, de la noche a la mañana, después de un atentado terrorista, se convierte en el líder que necesita una nación sumida en el caos. Kirkman no necesitó de porquerías para llegar al poder; su inocencia y virtud fueron suficientes. Inverosímiles e inspiradoras escenas, como esa en la cual uno de sus colaboradores afirma que el presidente es un hombre honesto que no le miente a su país.
En muchas de las elecciones recientes en el mundo parece existir un patrón: se enfrentan el “malo” y el “bueno” y la sociedad acaba irredimiblemente dividida. Después del mundo bipolar del siglo pasado, ahora vivimos en países fragmentados en su interior.
A propósito de televisión; según Reed Hastings el fundador de Netflix, sus competidores no son Amazon o HBO. La mayor amenaza para el consumo de Netflix es el sueño que vence al televidente adicto después de ver horas y horas de sus series o películas favoritas. Estamos cediendo hasta el tiempo de soñar.
@jcgomez_J