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El desperdicio de la TDT

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El público en general aún sabe muy poco de la televisión digital terrestre (TDT) y algunos se están aprovechando de ello indebidamente para vender televisores o aumentar suscriptores.

La TDT, como tecnología de difusión de televisión abierta —a través del aire, sin utilización de cables—, permite que por un mismo canal el público pueda recibir varias señales —entre 4 y 8, dependiendo de su calidad— y ofrece una altísima pureza de sonido e imagen (high definition, HD).

Los televidentes no tienen que pagar ni un peso por disfrutar de las señales HD, pues están libres y disponibles al público a través del aire. Sólo se requiere utilizar un receptor de televisión adecuado para el efecto, lo cual tiene que ser advertido claramente al momento de la compra de un nuevo televisor.

La prehistoria de la televisión por cable en Colombia es una leyenda negra de piratas y ladrones de señales audiovisuales y de vicios de los que aún está lejos de librarse la industria formal. En medio de esa ilegalidad, se fueron tendiendo cables de manera indiscriminada, a lo largo y ancho de las ciudades, para distribuir así a los hogares señales de televisión —tanto de televisión abierta, como cerrada—.

La masificación del cable —el legal y el ilegal— llevó a que los colombianos se olvidaran de su antena aérea y dependieran de los operadores de cable, aún para disfrutar de las señales de los operadores públicos y privados de televisión abierta, lo cual no es necesario técnica ni económicamente, pues estas señales están libres en el aire y así pueden recibirse de manera gratuita. Se requiere pedagogía al respecto.

La televisión abierta es un servicio público gratuito y aún no ha muerto, a pesar de lo que muchos pregonan. En el mundo de internet y de la convergencia audiovisual, la implementación de la TDT es una decisión de política pública con el fin de garantizar la recepción gratuita, a través del aire, de la televisión colombiana —local, regional y nacional, pública y privada—.

Esa decisión implica invertir miles de millones de pesos, tanto del erario como de los particulares. No se puede permitir que tanto dinero se desperdicie.

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