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Todos los gobiernos desde 1954, cuando se inauguró la televisión en Colombia bajo la dictadura del general Rojas Pinilla, han tenido el control de la televisión. El medio es de una estirpe estatista. Poco ha cambiado desde entonces. Todos estos años son la historia de cómo se logran pequeñas victorias para que la iniciativa privada logre un espacio de libertad en medio del dominio estatal.
En la Constitución de 1991 se creó un organismo independiente del Gobierno con el fin de regular la televisión, pero el resultado no fue afortunado. A pesar del rango constitucional que se le dio entonces a la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) y la consecuente independencia formal del Gobierno, la verdad es que Samper, Pastrana y Uribe manejaron la televisión a su antojo.
La CNTV hizo muy mal su tarea, a pesar de su rango constitucional. La senadora Guerra no puede olvidar que, cuando fue ministra y miembro de la junta de la CNTV, el Consejo se Estado fue categórico en declarar que esa entidad incurrió en múltiples irregularidades fiscales y disciplinarias en su intento de establecer un tercer canal de televisión.
En 2011 una reforma constitucional desapareció a la CNTV y entonces nació la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV). De menos abolengo y de reducida pinta, este organismo con más veras baila al son del Gobierno.
El proyecto de ley del Gobierno que pretende cambiar la institucionalidad del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones —a pesar de sus buenas intenciones— ha tenido un tránsito atropellado en el Congreso de la República. Es apenas obvio. Se trata de la regulación de una industria multimillonaria en la que se mezclan redes y contenidos; intereses públicos y privados.
La verdad es que el proyecto de ley cambia muy poco de fondo en cuanto al control de la televisión. En medio de retoques burocráticos, el proyecto mantiene intacta la potestad del Gobierno de decidir quién sí y quién no puede estar en televisión, tal como ha sucedió en los últimos sesenta años. Es inexplicable que apenas ahora algunos se vengan a quejar. El daño está hecho.
@jcgomez_j