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Después de agosto de 1538, Bogotá se tuvo que fundar otra vez en 1539 para zanjar la disputa entre tres conquistadores.
Atraídos por el oro de los muiscas, en la sabana coincidieron con Gonzalo Jiménez de Quesada otros dos adelantados: Nicolás de Federman y Sebastián de Belalcázar. Todos, llegados desde puntos cardinales totalmente distintos, reclamaban jurisdicción sobre estas tierras, razón por la cual los tres viajaron a España para resolver la titularidad de la gobernación sobre Santa Fe, que ganó Jiménez de Quesada, después de un pleito de diez años. Tal vez premonición de la actual desgracia de nuestra ciudad capital.
Como España en América, ningún imperio en la historia fundó tantas ciudades en tan poco tiempo, siguiendo todas un mismo esquema urbano, conforme al patrón utilizado por los griegos y los romanos en sus colonias siglos atrás.
Según lo cuenta Allan Brewer-Carías en su magnifica obra La ciudad ordenada, los asentamientos urbanos en Hispanoamérica se sometieron a una política centralizada, bajo precisas normas jurídicas dictadas por la Corona Española.
“El orden que se ha de tener en descubrir y poblar”. Por eso todas las ciudades de América Latina fundadas entre los siglos XVI y XVIII tienen la misma forma cuadricular que aún conservan en su casco central. Y no era un asunto simplemente formal. “Lo exigido era la agrupación de hombres formando ‘república’, con leyes y autoridades para hacerlas cumplir”.
Hace tiempos que no hay idea de ciudad. La mayoría de nuestras ciudades se ahogan hoy entre el desorden, la miseria y una efímera y desbocada modernidad. En el caso de Bogotá, en 50 años apenas hemos tenido tres buenos alcaldes y solo un Concejo admirable.
La sola idea de la candidatura de Francisco Santos a la Alcaldía de Bogotá asegura que esta ciudad será la arena de una pelea barriobajera más entre el “oficialismo”, Uribe y lo que se dice “izquierda”.
Así, seguramente otra vez la mayoría de los siete millones de habitantes de esta ciudad quedaremos condenados a la pequeñez, la codicia y la ineptitud de los gobernantes distritales, para solaz de los contratistas.
Ojalá algún milagro nos salvara. Tiene que ser posible; en esta ciudad convive lo mejor de nuestra nacionalidad.
@jcgomez_j