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¿La Comisión sigue viva?

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La Comisión Nacional de Televisión (CNTV) entró en liquidación el 10 de abril de este año, el mismo día en que empezó a ejercer sus funciones la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV).

Lo menos que se podía esperar era que, después de casi cinco meses de conformación de la ANTV, existiera ya un norte claro acerca del futuro del sector. Lamentablemente ello no ha ocurrido. Excepto las decisiones encaminadas a prevenir el subreporte de usuarios y otras prácticas indeseables en el servicio de televisión por suscripción, el ejercicio de las funciones a cargo de la ANTV ha sido prácticamente nulo, a pesar de la buena voluntad de los miembros de su junta directiva y sus calidades profesionales.

El legislador, en su afán de hacer desaparecer de la faz de la tierra a la CNTV, no tuvo el cuidado de prever un proceso serio y ordenado de transición institucional. Por esa razón ha sido imposible que la ANTV empiece a cumplir a cabalidad su delicada tarea.

La causa de la desaparición de la CNTV fue su politización, despilfarro y torpeza, todo lo cual generó el caos que aún padece el sector. Es cierto que como albacea de la CNTV la ANTV tuvo que asumir un torrente de desafueros. Precisamente por esa misma razón no tiene ninguna justificación que convalide las decisiones regulatorias del ente desaparecido, en lugar de adecuarse a las verdaderas necesidades del medio. Un ejemplo de esa convalidación es la licitación para el otorgamiento de nuevas concesiones del servicio de televisión por suscripción, respecto del cual la ANTV acoge sin chistar el mismo marco regulatorio —acomodaticio y asimétrico— que dejó de herencia la CNTV.

La ANTV, además de que fue víctima de la improvisación del legislador, es una entidad actualmente coja. De sus cinco miembros, apenas tres están en ejercicio de sus funciones. La elección de uno de ellos —el representante de la sociedad civil (es decir, de todos nosotros)— está a cargo de la Universidad Industrial de Santander, que aún no ha cumplido con esa tarea. Qué esperanzas, si esta entidad educativa ni siquiera ha podido elegir a su propio rector en medio de una disputa de marca mayor.

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