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Las medidas de autorregulación y los controles que implementó recientemente Facebook para evitar las noticias falsas y otros mensajes maliciosos, tal vez no sean suficientes frente a la ola de rechazo que genera esta red social a nivel mundial, mucho más desde cuando anunció que lanzaría una red social para niños.
En Estados Unidos, grandes empresas como AT&T y Unilever prácticamente están arrodillando a Youtube –propiedad de Google–, que dejaría de recibir millones de dólares si no evita que la publicidad de los anunciantes se despliegue en videos con contenidos indeseables a los que son mucho más vulnerables los niños y jóvenes.
Hace pocos días, en Silicon Valley, exempleados de Apple, Facebook y Google –arrepentidos y alarmados por los efectos nocivos de las redes sociales y los smartphones– emprendieron una campaña en contra de la adicción tecnológica: The Truth About Tech. Su propósito es orientar a los padres y educadores frente a los daños que causa la tecnología en la salud física y mental de los menores de edad: obesidad, depresión, trastornos severos de comportamiento.
Es una paradoja: en Estados Unidos, los niños pobres y de minorías étnicas pasan más tiempo frente a las pantallas digitales que los niños blancos de familias ricas que tienen más opciones de esparcimiento.
La idea de dotar a cada niño en el aula escolar de una tableta o un computador está siendo revaluada en muchos países. Como lo anota Naomi Schaefer en reciente artículo, hoy en día la verdadera brecha digital no es entre niños que tienen acceso a internet y los que no; es entre aquellos niños cuyos padres han sabido restringirles el tiempo de exposición a las pantallas digitales y los niños cuyos padres se creyeron el cuento de que la fórmula del éxito era llenarlos de esas pantallas.
En Colombia también son devastadores los efectos del abuso de la tecnología por parte de los menores de edad. Sin embargo, no se ven medidas concretas para enfrentar el fenómeno ni existe ninguna iniciativa legislativa al respecto. El país se gastó miles de millones de pesos inundando de tabletas las escuelas, pero muy poco se sabe del efecto que tuvo su uso en los menores de edad.