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Roosevelt y Obama contra la Corte

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A Montesquieu (1689-1755) se le atribuye la teoría de la separación de los poderes públicos, que a duras penas se ha aplicado en la práctica a lo largo de la historia.

Los gobernantes aceptan a regañadientes la limitación de su poder por parte del congreso y de la rama judicial. El conflicto con el congreso suele ser mas llevadero, generalmente se logra negociar y obtener algún grado de consenso. Algo muy diferente sucede con la rama judicial.

Hay estilos y modales. Muchos presidentes sueñan con una Corte de bolsillo; cuando no lo logran, las tensiones con el poder judicial se pueden llevar por delante la institucionalidad o poner en riesgo la integridad misma de los magistrados.

En Argentina Perón hizo destituir a casi toda la Corte en 1947. En Estados Unidos Franklin D. Roosevelt al comienzo de su mandato enfrentó la Gran Depresión mediante un cúmulo de leyes que situaban al Estado como el gran regulador y protagonista de la actividad económica. En la otra orilla ideológica se encontraba la Corte Suprema dominada por jueces retrógrados cuyos cargos eran vitalicios, tal como sucede en el presente. Para hacer viable el New Deal, Roosevelt trató infructuosamente de remozar esa corporación mediante el nombramiento de un magistrado adicional por cada uno de los que tuviera más de setenta años.

El asunto de la Corte también es un dolor de cabeza para el presidente Obama. Nombró allí a Sonia Sotomayor, la primera jurista de origen latino en alcanzar esa dignidad y actualmente está en proceso de ratificación por parte del Congreso la nominación de Elena Kagan. Aún con esas dos sillas ocupadas por personas cercanas al actual mandatario, no se logra cambiar la mayoría ideológica predominante en la Corte. Ello eventualmente puede ser un escollo para la ley de la reforma a la salud y la legislación que se está tramitando en el congreso para regular la actividad de valores.

No podemos terminar diciendo que el barón de Montesquieu se está revolcando en la tumba. En los albores de la revolución francesa la chusma saqueó sus restos de Saint-Sulpice, junto con los de otros nobles parisinos.

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