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Señales Incidentales

Juan Carlos Gómez
28 de noviembre de 2011 – 05:02 a. m.

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A principios de los años noventa el paisaje urbano se llenó de antenas parabólicas con las cuales se recibían las que se denominaron señales incidentales, contenidos de televisión trasmitidos vía satélite y destinados a otros países, pero que podían captarse en Colombia, gracias a la utilización de dichas antenas.

Una norma legal expedida en 1995 legitimó desde entonces la práctica de distribuir y lucrarse de esas señales. Permitirlo equivale a dejar que se reproduzcan sin autorización de sus titulares, los libros y las grabaciones sonoras y confundir la posibilidad física de disfrutar un bien con la legitimidad jurídica de hacerlo. Lamentablemente una sentencia bien floja de la Corte Constitucional (C-73 de 1996) bendijo esa norma sin reparar que los dueños de las señales incidentales resultaron despojados de sus derechos, pues ellos tienen la facultad de autorizar o no su distribución, con la que se enriquecen unos empresarios en Colombia sin pagar ninguna contraprestación.

Ese contexto histórico, sumado a la interesada tolerancia de la Comisión Nacional de Televisión (CNTV), explica en buena parte el altísimo nivel de ilegalidad que caracteriza el negocio de la televisión cerrada en Colombia.

Según se informó en la prensa la semana pasada, existen serias sospechas de que algunos de los operadores de televisión por suscripción declaran muchos menos usuarios de los que realmente tienen. De esta forma se roban la contribución que deben pagar a la CNTV y los derechos de los operadores internacionales. Esto vendría sucediendo desde hace muchos años a ciencia y paciencia de la CNTV y de la autoridad tributaria.

El nuevo director de la entidad ha prometido castigar a esos operadores sinvergüenzas. Esperemos que lo logre. Yo me atrevo a creer que sí. A pesar de tantos enemigos enquistados al propio interior de la entidad, este funcionario ha logrado en pocos meses cambiar el tono de tolerancia, torpeza y arbitrariedad que caracterizó históricamente la gestión de la CNTV y que la llevó a su desaparición. Es una lástima que ello haya sucedido tan tarde. Nos hubiéramos salvado del limbo en el que quedó la industria de la televisión y del tortuoso trámite legislativo que apenas comienza en medio de tumbos y bandazos.

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